👉👉 Compró 1000 roscas de Reyes en Costco. No fue un error, no fue una confusión, fue un plan. Las cargó, las trasladó y las puso a la venta para revenderlas. En cuestión de horas, la historia se volvió viral, pero no por la cantidad, sino por lo que despertó.Porque, como cada enero, volvió la misma discusión. Unos aplauden. Dicen que es emprendimiento, que es visión, que es arriesgar capital, logística y tiempo, que nadie obliga a comprarle a nadie. Otros estallan. Dicen que es abuso, que por prácticas así muchas familias llegan a Costco buscando una sola rosca… y ya no alcanzan nada, o terminan pagándola mucho más cara.Las redes se llenaron de burlas, de reclamos, de videos de gente peleando en tiendas, de comentarios duros contra los revendedores. Y también de defensas férreas: “Así funciona el mercado”, “el que madruga, gana”, “si no te gusta, no compres”. Dos Méxicos chocando: el del negocio y el del consumo cotidiano.La rosca dejó de ser pan, se volvió símbolo. De desigualdad, de oportunidad, de enojo social. Y al final, la pregunta no es cuántas roscas compró. La pregunta es otra.👉 ¿Hasta dónde emprender… sin pasar por encima del otro? Tal vez no se trata de prohibir ni de señalar, sino de recordar algo básico: que el negocio no siempre mide el impacto humano, y que pensar en el prójimo también es parte de la mesa.¿Tú qué opinas?




