Comercio de Cundinamarca experimenta descenso post-navideño en ventas

Este martes 20 de enero, el sector comercial de Cundinamarca —que incluye tiendas de retail, centros comerciales, almacenes de cadena, comercio de barrio, plazas de mercado y todo tipo de establecimientos dedicados a la venta de bienes y servicios— experimenta la realidad típica del mes de enero: una disminución significativa en el volumen de ventas y tráfico de clientes respecto a los niveles extraordinariamente altos registrados durante noviembre-diciembre cuando la temporada navideña, los aguinaldos, las primas de fin de año y el espíritu festivo impulsan el consumo a sus máximos niveles anuales.

Este fenómeno cíclico, completamente predecible y experimentado año tras año, obedece a múltiples factores psicológicos, económicos y culturales que convergen haciendo de enero el mes comercialmente más difícil del año para la mayoría de negocios. Después del gasto intensivo de diciembre cuando las familias adquieren regalos navideños, vestuario nuevo, alimentos especiales para celebraciones, elementos decorativos y otros productos asociados a las festividades, el mes de enero trae consigo una contracción natural y pronunciada del consumo.

Las familias colombianas, incluidas las cundinamarquesas, típicamente llegan a enero con finanzas personales comprometidas o agotadas tras el gasto decembrino. Muchos hogares utilizaron completamente sus aguinaldos y primas, algunos incluso recurrieron a créditos de consumo o tarjetas de crédito para financiar compras navideñas, y ahora enfrentan enero con presupuestos ajustados, deudas pendientes, y la necesidad imperiosa de recuperar estabilidad financiera antes de comprometerse en nuevos gastos discrecionales.

Adicionalmente, enero trae consigo obligaciones financieras específicas que absorben recursos familiares: pago de matrículas escolares y universitarias para quienes tienen hijos o familiares estudiando, compra de útiles escolares y uniformes que representan inversiones importantes especialmente para familias con múltiples niños, pago de impuestos como el predial que vence en los primeros meses del año, renovación de seguros (vehículos, viviendas, vida), y otros gastos fijos que no pueden postergarse. Estos compromisos obligatorios reducen drásticamente la capacidad de gasto discrecional en productos no esenciales.

El sector de vestuario y calzado, que experimenta picos extraordinarios durante noviembre-diciembre cuando las personas renuevan su guardarropa para eventos navideños y celebraciones de fin de año, sufre particularmente en enero con caídas que pueden alcanzar el 40-50% en ventas respecto al promedio de los meses festivos. Los almacenes de ropa, zapaterías y boutiques implementan agresivas estrategias de liquidación de inventarios mediante descuentos significativos (30%, 50%, hasta 70% en algunos casos), buscando rotar mercancía de temporadas pasadas para generar flujo de caja que permita pagar proveedores, cubrir nóminas y costos fijos operacionales, y prepararse financieramente para la siguiente temporada fuerte que típicamente llega con el Día del Amor y la Amistad en febrero y el Día de la Madre en mayo.

Los restaurantes y establecimientos gastronómicos también experimentan descensos notables en clientela durante enero. Después de semanas intensas durante diciembre con cenas empresariales de fin de año, celebraciones familiares, almuerzos de despedida de solteros, reuniones de amigos y toda la actividad social característica de la temporada navideña, enero trae una desaceleración pronunciada. Muchas personas inician enero con propósitos de año nuevo relacionados con mejorar la alimentación, reducir gastos superfluos, comer más saludable, o simplemente recuperarse de los excesos gastronómicos de diciembre, lo que se traduce en menor frecuentación de restaurantes y mayor tendencia a preparar alimentos en casa.

Los centros comerciales, termómetros precisos del dinamismo comercial urbano, registran durante enero reducciones sustanciales en el flujo peatonal medido por sistemas automáticos de conteo. Observadores atentos notan patios de comidas menos congestionados, parqueaderos con mayor disponibilidad, establecimientos con menos clientes simultáneos, y vendedores con más tiempo disponible sin estar atendiendo compradores. Esta disminución del tráfico peatonal se traduce directamente en menores ventas para los comerciantes, generando presión sobre sus indicadores de productividad (ventas por metro cuadrado, ticket promedio de compra, conversión de visitantes en compradores).

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