Carlos Santa María.

Colombia soberana: sin amenazas, señor Trump

Por: Carlos Santa María

La negativa del presidente Gustavo Petro a recibir inmigrantes nacionales encadenados, esposadas sus manos, tratados como delincuentes, por parte del gobierno norteño, desconfiguro al régimen estadounidense cuya política oficial ha sido siempre castigar a quien se oponga a sus designios, por malévolos que sean, diciendo a todos que es peligroso enfrentarlo y quien lo haga debe someterse a consecuencias destructivas.

Lo vergonzoso del asunto es que las élites colombianas hicieron un frente común mediático para cuestionar al mandatario considerándolo irresponsable, trasnochado, drogadicto, junto a otras expresiones cercanas a provocar la debacle del país debido a su posición.

Sin embargo. hay tres hechos que permanecieron ocultos al análisis por no interesar a los sectores tradicionalmente dominantes en la nación.

Uno, esconder que los gravámenes a los exportadores no afectan a todo el pueblo, sino especialmente a los grandes empresarios que reciben inmensas ganancias privadas con sus negocios, sin desconocer que también perjudican un sector pequeño que participa del proceso. Nada que ver con la patria.

Dos, la tendencia de estos sectores a generalizar que oponerse al más fuerte es ilógico, es decir, casi dos siglos de dominación de Colombia, territorio con riqueza inmensa y empobrecido por esta filosofía de negociar el territorio y su producción como parte de la entrega al “mejor aliado” (USA), desconociendo su participación en campañas para elegir gobiernos entreguistas que poseen como valor sus propios intereses.

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Tercero, que por fin alguien le habló fuerte a Trump, a quien las élites no apoyaron y ahora si lo hacen, pese a condenarlo como criminal. Los negocios por encima de la dignidad y el trato respetuoso a inmigrantes que han salido producto de los años de pobreza al que han sometido a la gente gobiernos tradicionales.

Los Medios se quedaron sin tema en un día exponiendo ahora el presunto apoyo de toda la clase dirigente para resolver la situación, desconociendo que Trump prefirió resolver el asunto inmediatamente para no tener el “mal ejemplo” de otros mandatarios también cuestionándolo. Sabia lección internacional.