Colombia rinde homenaje a Totó la Momposina

Hay voces que son como ríos: briosas, vitales, incontenibles. La de Sonia María Bazanta Vides, conocida en el mundo entero como Totó la Momposin

Hay voces que son como ríos: briosas, vitales, incontenibles. La de Sonia María Bazanta Vides, conocida en el mundo entero como Totó la Momposina, es una de ellas. Como un torrente, sus cantos impregnaron tambores, cuerpos y generaciones enteras —no solo de músicos, sino de todas las personas en quienes todavía arde la candela que ella encendió. Hoy, el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes despide a esta cantora, compositora y guardiana de las músicas del Caribe colombiano. 

Sus raíces están hundidas en la depresión Momposina. En Talaigua Nuevo, Bolívar, una llanura anfibia donde los ríos se desbordan, forman ciénagas y playones, y cambian de forma con las estaciones. Una tierra que respira al ritmo del agua. Allí, en 1940, nació Totó, y allí aprendió el idioma de su familia: la música. Su padre, Daniel Basanta, tocaba la percusión; su madre, Livia Vides, cantaba y bailaba. 

Siendo niña, la violencia política obligó a su familia a huir hacia Bogotá, al barrio Ricaurte. “Ahí se escuchaba pura música de acordeón y son cubano. Mi abuela traía músicos de la costa, como Pedro Ramayá Beltrán. Totó creció entre eso: el olor a zapato nuevo de la fábrica familiar y los encuentros musicales en la casa que duraban tres días”, dijo Marco Vinicio, hijo de Totó y percusionista, al Ministerio de las Culturas en 2025.  

Aunque estaba lejos de su tierra, los tambores seguían marcando el pulso de su corazón. Tomó la cumbia, el bullerengue, el porro y el mapalé —ritmos que vivían a orillas del Magdalena— y los llevó a escenarios de todo el mundo. En 1982 llevó la cumbia hasta Estocolmo, cuando García Márquez recibió el Nobel de Literatura. 

Después vinieron París, los festivales de Europa y África, y en 1993 el disco La candela viva, reconocido internacionalmente y con el que consolidó su reputación como una de las voces más importantes de la música latinoamericana. 

Su trabajo permitió que miles de personas, en Colombia y en el mundo, conocieran los ritmos, cantos, bailes y versos que hasta entonces solo se escuchaban en las riberas del bajo Magdalena, en Mompox y en las sabanas de Bolívar. 

A lo largo de su carrera recibió varios galardones: el Premio WOMEX en 2006, el Premio Vida y Obra del Ministerio de Cultura en 2011 y el Grammy Latino a la Excelencia Musical en 2013. También colaboró con artistas como Los Jaivas, León Gieco, Gustavo Santaolalla, Gilberto Gil, Calle 13, Pablo Milanés y Lila Downs. 

Su última presentación en vivo fue en 2022, en el Festival Cordillera de Bogotá. Una despedida digna de quien dedicó su vida entera a enaltecer el folclor del Caribe colombiano. Totó se retiró del escenario abrazada por el respeto y la admiración de quienes llevarán su candela en el cuerpo cuando suenen sus canciones, y en la memoria, en los recuerdos de haber bailado y cantado guiados por su voz. 

Su partida deja una tristeza enorme, pero también es el momento de recordar que su vida fue una celebración. Pocas naciones en el mundo han tenido la fortuna de ser cantadas con tanta pasión. 

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