Bogotá, 3 de enero de 2026 — Colombia inició oficialmente su mandato como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU) para el periodo 2026-2027, tras ser elegida por la Asamblea General con 180 votos favorables. Este hecho marca la octava ocasión en que el país ocupa uno de los 10 escaños rotativos de este órgano, que junto con los cinco miembros permanentes (China, Francia, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos) conforma el principal foro global encargado de mantener la paz y la seguridad internacional.
Ser miembro del Consejo de Seguridad —un espacio de máxima influencia dentro del sistema de Naciones Unidas— significa para Colombia algo más que presencia diplomática: tiene voz y voto en decisiones vinculantes sobre conflictos, crisis humanitarias, sanciones, mantenimiento de la paz y respuesta a amenazas globales. Su participación en este órgano será hasta el 31 de diciembre de 2027.
🔎 Papel del Consejo de Seguridad y el rol de Colombia
El Consejo de Seguridad es el único órgano de la ONU cuyas decisiones —especialmente las resoluciones— son obligatorias para todos los Estados miembros bajo la Carta de las Naciones Unidas. Esto incluye la aprobación y supervisión de operaciones de mantenimiento de paz, el establecimiento de embargos o sanciones, y la gestión de crisis armadas que afecten la seguridad mundial.
Como miembro no permanente, Colombia no tiene derecho de veto, pero sí puede participar activamente en debates, negociaciones y votaciones sobre los temas más críticos de la agenda internacional. Además, el país puede presidir el Consejo durante uno de los meses de su mandato —lo que le permitirá fijar prioridades, coordinar la agenda y representar al órgano ante otros foros multilaterales—.
📌 Implicaciones políticas y diplomáticas
1. Influencia internacional y visibilidad diplomática:
Colombia podrá posicionar sus prioridades en escenarios globales —como resolución pacífica de conflictos, respeto al derecho internacional, derechos humanos y seguridad regional— y ejercer liderazgo en coaliciones con otros países de América Latina y el Caribe dentro del Consejo.
2. Fortalecimiento de su política exterior:
La elección de Colombia refleja un reconocimiento internacional al trabajo diplomático del país y a su experiencia en procesos de paz, incluidos los acuerdos con grupos armados internos. Esto proyecta la política exterior colombiana más allá de la región latinoamericana hacia espacios donde se discuten cuestiones estratégicas globales.
3. Oportunidad en un contexto geopolítico complejo:
La participación de Colombia ocurre en un momento de amplios desafíos internacionales, con conflictos armados como los de Oriente Medio y tensiones persistentes como la guerra de Ucrania. Estar en el Consejo le otorga una plataforma para abogar por soluciones diplomáticas en crisis multilaterales.
4. Cooperación en procesos de paz y seguridad:
Además de temas globales, Colombia puede contribuir con su experiencia en construcción de paz a otros procesos en diferentes regiones, respaldando misiones de la ONU y propuestas que busquen reducir tensiones y consolidar la estabilidad.
📍 Desafíos y expectativas
Si bien esta es una oportunidad histórica, también representa retos significativos: la necesidad de articular posiciones coherentes con aliados internacionales, responder a presiones geopolíticas y equilibrar su agenda interna con demandas externas. El mandato de dos años será un período clave para evaluar cómo Colombia influye en decisiones que afectan no solo la región latinoamericana, sino la seguridad global.

