Colombia se va del Mundial 2026 entre lágrimas pero dejando una huella que el fútbol colombiano tardará años en superar
La eliminación en penales ante Suiza cierra el capítulo más ambicioso de la selección colombiana en una Copa del Mundo desde la generación de Valderrama y Asprilla en los noventa. Néstor Lorenzo construyó en tres años un equipo que clasificó con autoridad, lideró su grupo superando a Portugal y llegó a octavos como uno de los cinco candidatos más respetados del torneo según los analistas. Ese recorrido no desaparece con un penal fallado de Luis Díaz, aunque en el momento del fallo parezca que todo se derrumba. Colombia jugó su mejor Copa del Mundo en décadas y lo hizo con un estilo de fútbol reconocible, intenso y con identidad propia que el mundo del fútbol aplaudió partido tras partido.
James Rodríguez cerró su historia mundialista con dos asistencias de lujo en el partido más importante y las lágrimas más honestas que ha derramado con la camiseta amarilla. A sus 34 años y posiblemente en su último Mundial, el mediocampista que desde 2014 cargó con el peso de las esperanzas de todo un país se despide sabiendo que lo dio todo y que su legado en el fútbol colombiano es indestructible. Luis Díaz, que tendrá otras oportunidades en futuros Mundiales, cargará un tiempo con el peso del penal fallado, pero también con la certeza de que su carrera internacional recién está comenzando. Colombia se va de Dallas sabiendo que estuvo a un penal de cuartos de final y que la próxima generación tiene la obligación de llegar más lejos todavía.



