La expansión del Clan del Golfo en el norte y centro del Valle del Cauca ha encendido nuevamente las alarmas de las autoridades y organismos defensores de derechos humanos. La organización criminal, también conocida como Ejército Gaitanista de Colombia (EGC), busca consolidar corredores estratégicos que conectan el departamento con el Chocó y las rutas hacia el océano Pacífico, fundamentales para el narcotráfico y otras economías ilegales.
La Defensoría del Pueblo ha advertido que esta situación representa un riesgo crítico para comunidades rurales e indígenas asentadas en municipios como Bolívar, Trujillo, Riofrío, Roldanillo y La Unión. AllíLa expansión del Clan del Golfo en el norte y centro del Valle del Cauca ha encendido nuevamente las alarmas de las autoridades y organismos defensores de derechos humanos. La organización criminal, también conocida como Ejército Gaitanista de Colombia (EGC), busca consolidar corredores estratégicos que conectan el departamento con el Chocó y las rutas hacia el océano Pacífico, fundamentales para el narcotráfico y otras economías ilegales.
La Defensoría del Pueblo ha advertido que esta situación representa un riesgo crítico para comunidades rurales e indígenas en municipios como Bolívar, Trujillo, Riofrío, Roldanillo y La Unión. Allí, el grupo armado ha fortalecido su presencia mediante alianzas con estructuras criminales locales y remanentes de organizaciones como Los Rastrojos.
En su visita a Cali, el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, señaló que uno de los principales intereses del Clan del Golfo es el dominio del Cañón de Garrapatas y de los corredores montañosos entre Valle y Chocó, considerados estratégicos para la movilidad de hombres armados, el transporte de drogas y el control de rentas ilícitas.
Las autoridades identifican a la subestructura Valle, también conocida como Yeferson Madera Jiménez, como la responsable de liderar la expansión en la región, con un estimado de entre 80 y 120 integrantes. La Defensoría ha documentado riesgos como desplazamientos forzados, confinamiento de comunidades, amenazas contra líderes sociales, homicidios selectivos y reclutamiento de menores mediante falsas ofertas laborales.
A estas problemáticas se suma la disputa armada con otros grupos ilegales, especialmente el ELN, y la capacidad del Clan del Golfo para establecer alianzas con bandas delincuenciales locales, fortaleciendo actividades de microtráfico, extorsión y control de mercados ilegales. Esta estrategia les permite ampliar su influencia más allá de las zonas rurales y extender su accionar hacia sectores urbanos, profundizando la sensación de inseguridad en el norte del Valle.




