Un equipo de científicos japoneses puso a prueba los límites de la clonación en mamíferos con un experimento que se extendió durante más de dos décadas. El resultado: lograron clonar más de 1.200 ratones a lo largo de 58 generaciones consecutivas, partiendo de un único ejemplar original.
El estudio, liderado por el investigador Teruhiko Wakayama, utilizó la técnica de transferencia nuclear de células somáticas, similar a la empleada en la famosa oveja Dolly. En las primeras generaciones, los ratones clonados nacían sanos, eran fértiles y mostraban un desarrollo aparentemente normal.
Sin embargo, con el paso del tiempo surgió un problema clave: la acumulación de mutaciones genéticas. A medida que avanzaban las generaciones, estas alteraciones comenzaron a afectar la viabilidad de los animales, reduciendo el número de nacimientos y deteriorando su desarrollo.
El punto crítico se alcanzó en la generación 58, cuando todos los ratones clonados murieron poco después de nacer. Este hallazgo permitió a los científicos establecer un límite biológico claro: la clonación en serie no puede mantenerse de forma indefinida en mamíferos.
Los investigadores explican que este fenómeno respalda la teoría conocida como “trinquete de Muller”, que señala que en la reproducción asexual las mutaciones dañinas se acumulan sin posibilidad de corrección. En contraste, la reproducción sexual permite mezclar material genético y reparar esos errores, garantizando la supervivencia de las especies a largo plazo.
A pesar de estas limitaciones, el estudio abre nuevas posibilidades en campos como la conservación de especies en peligro, la investigación biomédica y la producción ganadera. Los científicos ahora trabajan en métodos menos invasivos para clonar animales, incluso a partir de muestras como orina o heces.
Este experimento no solo demuestra hasta dónde puede llegar la ciencia, sino también sus límites: la clonación, aunque poderosa, no puede reemplazar los mecanismos naturales de la vida.



