Aníbal Arevalo

Cuando los chistes son ofensivos

Hace algunos años fue la última vez que asistí a un festival del humor en Pasto, y la verdad me hice la promesa de no volver nunca más. Las razones que aduzco para sentar mi posición son varias, pero sobre todo porque ese tipo de espectáculos donde presentan cuenta-chistes invitados y anfitriones se han convertido en una vulgaridad. Los que dicen llamarse humoristas, que por lo general vienen del programa Sábados Felices, se desdoblan de manera tal que el lenguaje que no lo pueden emplear en la televisión lo hacen en vivo.

Es penoso decirlo, pero la degradación que sufre el humor es resultado de la falta de creatividad. Son comidilla de estos humoristas la sexualidad, las mujeres, los afros, los homosexuales, los campesinos, los habitantes de las diferentes regiones de Colombia, entre los más recurrentes. Pero no precisamente para enaltecerlos, sino para ridiculizarlos. Mientras que unos pasan por bobos, las mujeres son reducidas a la servidumbre y a la dependencia del macho. Los afrodescendientes son mostrados como lentos y faltos de inteligencia, en tanto que a los campesinos resignados y carentes de capacidades.

Cómo es posible que se degrade a la sexualidad y el sexo a tal punto de referirse a estos de manera vulgar. Las suegras son mostradas como las fastidiosas, que interrumpen los mejores momentos de la vida, pero nunca ocurre lo mismo con los suegros, como una marcada tendencia sexista.

En este tipo de encuentros buscan provocar la risa diciendo vulgaridades en público, pero no siendo creativos o exhibir un humor fino e inteligente. La verdad es que produce vergüenza asistir en familia porque es un espectáculo cargado de morbo.

Los homosexuales son tratados de manera peyorativa sin ninguna consideración en una evidente muestra homofóbica, cuando la sociedad necesita dar pasos adelante en tolerancia y respeto por la diversidad.

En cuando a los habitantes de las diferentes regiones, son tratados como perezosos, lentos, faltos de inteligencia, y de esto no nos escapamos los pastusos. Chistes que son contados por coterráneos que reniegan de su propia condición y desconocen las potencialidades de las gentes del sur, como lo han demostrado personajes que se han destacado en diversos ámbitos.

En cambio, los habitantes de ciertas regiones son tratados como los vivos, los astutos, negociantes que llevan las de ganar. Esto muestra una falta de objetividad, puesto que todos los colombianos tenemos potencialidades diversas: mientras que unos se destacan en el deporte, otros lo hacen en el campo científico o en las artes.

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Es una falta de justicia con nuestra propia condición. El chiste es una excelente herramienta pedagógica cuando es bien utilizado; mas no cuando de tanto repetir nos convencemos de lo que expresan las formas degradantes de humor y desconocemos lo que en realidad somos.

Ahora bien, para la temporada de fin de año, se tiene la costumbre de producir canciones acompañadas de ritmos populares donde se expresa el humor con doble sentido, con un marcado morbo y la consecuente pérdida del verdadero valor que debe cumplir la sexualidad entre los seres humanos como elemento dignificante. Esto denota la falta del elemento creativo con letras pobres en el sentido semántico.

La última y más recordada canción popular que con gran acierto exalta nuestros valores y costumbres, que alcanzó gran éxito en el país, fue El trompo zarandengue, compuesta hace cerca de veinte años por el músico y compositor nariñense Hugo Ortega e interpretada por Sol Barniz. Del resto han sido canciones que emplean el doble sentido y sin mejores méritos porque no son de salón por su contenido morboso.

Consideramos que el humor es más imaginación que agresión a la sensibilidad y dignidad de ciertos sectores sociales. El humor pastuso por excelencia debe ser proactivo, que no reniegue de nuestra condición y de nuestro dialecto. Es dejar de pensar que somos pobres y que vivimos lejos.