Chile evalúa el legado de Gabriel Boric: luces y sombras de un gobierno que marcó una generación

A pocos meses de entregar el mando, el presidente Gabriel Boric —el más joven en la historia de Chile y símbolo de una generación política emergente— enfrenta el juicio público sobre su gestión. Este domingo, el país elegirá a su sucesor, mientras el mandatario se prepara para dejar La Moneda tras cuatro años de un gobierno que combinó avances sociales, tensiones políticas y desafíos en seguridad.

Boric, quien alcanzó el poder en 2021 con apenas 35 años, rompió moldes desde el inicio: un exlíder estudiantil, sin corbata y con discurso de renovación, que llevó al Frente Amplio y al Partido Comunista por primera vez al gobierno. Su triunfo marcó, según los analistas, un cambio de ciclo en la política chilena.

“Representó una renovación de las élites políticas. Sectores nuevos pasaron a dirigir el Estado, algo inédito en la historia reciente del país”, señala Hugo Jofré, presidente de la Asociación Chilena de Ciencia Política (ACCP).


Un gobierno de contrastes

Sin embargo, el entusiasmo inicial pronto se vio opacado por la inestabilidad del proceso constituyente y la falta de experiencia política del nuevo equipo de gobierno. “El comienzo fue muy complejo”, explica Claudio Fuentes, académico de la Universidad Diego Portales.

“Intentaron distanciarse de las generaciones anteriores, pero eso fue un error. Finalmente, tuvieron que recurrir a figuras más tradicionales para estabilizar la gestión”.

Con el paso del tiempo, el gobierno logró recomponerse. “Fue una administración de menos a más”, sostiene Fuentes. “A pesar de sus limitaciones, Boric demostró pragmatismo, entendió el contexto político y consiguió acuerdos en áreas sensibles como pensiones y relaciones laborales con sectores empresariales”.

Actualmente, su aprobación ronda el 38%, un nivel considerado moderado en comparación con otros gobiernos desde el retorno a la democracia.


El aprendizaje del poder

El presidente, que llegó con la promesa de superar el modelo neoliberal, terminó adoptando un tono más conciliador. Con un Congreso adverso y tras la derrota del proceso constitucional que buscaba reemplazar la Carta Magna de 1980, Boric se vio obligado a ajustar su agenda y buscar consensos.

“Su principal mérito fue leer el momento político y adaptarse sin perder el vínculo con la izquierda tradicional”, destaca Jofré. “Logró mantener la cohesión interna y dar representación a sectores históricamente desplazados dentro de la izquierda chilena”.


Entre los logros y las deudas

Entre los avances reconocidos de su mandato se cuentan la reforma tributaria parcial, la mejora del salario mínimo y programas sociales dirigidos a jóvenes y mujeres. Sin embargo, su administración también enfrentó críticas por el aumento de la inseguridad y la delincuencia, temas que dominaron la agenda pública en los últimos meses.

Los analistas coinciden en que el gobierno de Boric quedará en la historia como un experimento político generacional, con logros significativos en materia social, pero también con límites marcados por la fragmentación política y la realidad del país tras el estallido social de 2019.


El cierre de un ciclo

Mientras se prepara para entregar el poder en marzo de 2026, Boric se retira con una mezcla de aprendizaje y desgaste. Su estilo horizontal, su lenguaje juvenil y su apuesta por una izquierda más dialogante dejaron huella en la cultura política chilena.

En palabras de Fuentes, “no cumplió todas sus promesas, pero sí dejó una señal importante: la política puede renovarse sin destruirse”.

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