El ambicioso blindaje de 500 kilómetros iniciado por la administración chilena

El desierto de Atacama es hoy el escenario de un despliegue de ingeniería y seguridad sin precedentes. Bajo el mandato del presidente José Antonio Kast, Chile ha dado inicio formal a la construcción de obstáculos físicos permanentes —zanjas profundas y muros de concreto— para sellar los pasos no habilitados que conectan con Bolivia y Perú. La medida busca dar respuesta a una crisis migratoria que ha alterado la demografía y la percepción de seguridad en el norte del país.

Muros contra el crimen transnacional Con una población total que ronda los 20 millones de habitantes, Chile enfrenta el reto de gestionar a más de 337.000 migrantes en situación irregular, la gran mayoría provenientes de Venezuela. Según el Ejecutivo, estas barreras, que en ciertos tramos alcanzan los 3 metros de altura, no son solo un desincentivo para la migración por pasos no habilitados, sino una muralla contra las bandas criminales dedicadas al tráfico de personas y contrabando.

Decretos presidenciales y ejecución inmediata Desde su investidura, Kast ha acelerado la firma de decretos que otorgan facultades extraordinarias a los ministros para gestionar cambios legales y logísticos. El despliegue incluye patrullaje militar reforzado y tecnología de vigilancia nocturna. «Si el presidente Kast considera que esta es una forma de brindar seguridad a su pueblo y evitar que la criminalidad cruce fronteras, nosotros somos respetuosos de ello», señaló el canciller boliviano Fernando Aramayo, validando el derecho de Chile a proteger su integridad territorial frente a amenazas externas.

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