Sainz cargó con el peso de toda España en su debut como piloto local en Madring
El madrileño llegó al Gran Premio de España convertido en el símbolo del automovilismo nacional, representando no solo a Madrid sino a todo un país que soñaba con ver a uno de los suyos brillar en el primer Gran Premio disputado en la capital en décadas. Las gradas del Madring se convirtieron en un mar de banderas de España con su nombre, y cada vez que el Williams naranja pasaba por delante de las tribunas el rugido de la afición era ensordecedor, muy por encima del que recibían pilotos más competitivos en esa misma recta.
El abandono en la vuelta 14 tras el toque con Alonso dejó a miles de aficionados con el corazón en un puño, pero la reacción del público lo dijo todo: ovación cerrada, cánticos y respeto absoluto para un piloto que a pesar de las limitaciones del Williams se entregó al máximo ante su gente. Con Fernando Alonso también presente en la parrilla y la afición coreando «un año más» para el asturiano, Madring 2026 quedó como la primera gran fiesta del automovilismo español en casa, con Sainz como su mayor protagonista emocional aunque no deportivo.




