Con un profundo sentido espiritual, simbólico y cultural, Pasto dio apertura al ciclo festivo del Carnaval de Negros y Blancos a través del Canto a la Tierra, un ritual colectivo que convoca la memoria ancestral del territorio y reafirma el vínculo sagrado entre la ciudad, sus comunidades y la Pachamama. Esta jornada marca el inicio de los días más representativos de la mayor celebración del sur de Colombia, reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
Desde las primeras horas del día, comunidades indígenas, sabedores ancestrales, artistas populares y ciudadanía en general se congregaron para rendir homenaje a la madre tierra en un acto de gratitud y respeto por la vida. Cantos rituales, danzas ceremoniales y expresiones musicales tradicionales envolvieron a la ciudad en un ambiente de recogimiento y conexión espiritual, donde la palabra ancestral y los sonidos del territorio se convirtieron en protagonistas.
El Canto a la Tierra trasciende lo festivo y se consolida como un ejercicio de conciencia cultural y ambiental. Cada gesto simbólico, cada danza y cada invocación reafirman la relación profunda entre el ser humano y la naturaleza, recordando la importancia del equilibrio, el cuidado del entorno y la preservación de los saberes ancestrales que han construido la identidad nariñense a lo largo del tiempo.
Esta ceremonia representa el latido inicial del Carnaval de Negros y Blancos, una fiesta que no solo celebra la creatividad, el color y la alegría popular, sino que también promueve valores de diversidad, inclusión y memoria histórica. En este encuentro entre pasado y presente, Pasto reafirma su compromiso con la protección de su patrimonio cultural y su proyección hacia el futuro.
De esta manera, el Canto a la Tierra no solo inaugura el Carnaval de Negros y Blancos, sino que reafirma el vínculo sagrado entre Pasto y su territorio. En cada canto ancestral y en cada gesto ritual, la ciudad recuerda que celebrar también es agradecer, cuidar y honrar la vida. Así, el espíritu del Carnaval despierta desde la raíz, invitando al mundo a escuchar la voz de la tierra y a reconocer en ella la memoria viva y el corazón cultural de un pueblo que canta para no olvidar quién es.


