Ismael Botina popular maestro Buchón, está en su salsa, porqué aumentan las invitaciones a desayunos por parte de los candidatos. Tremendos platos pagados y el pueblo, feliz
En medio de esas reuniones con los candidatos que por primera vez se lanzan, se encuentran lindas perlas. Ellos y ellas se creen que han código el cielo con las manos. Una vez se sintieron candidatos, cambiaron de caminado, comenzaron a saludar a todo cuanto vecino encuentran. Parecen pavorreales andando por las calles, creyéndose que cada saludo es un voto.
Candidatos nuevo que se respete, lo primero que hace es visitar la familia, previo listado con cuaderno en mano apuntando la lista de los parientes. El primer desengaño lo encuentran en las tías, que no tienen ni idea de las campañas. Ellas preguntan:¿es lo mismo ser concejal que diputado?; y no falta el familiar resentido que le cante la tabla , porque hace poco no se apareció cuando murió el tío Rogerio, ni siquiera se dio por enterado.
Candidato nuevo que se respete, habla y explica su programa de gobierno donde plasma todas las necesidades del mundo, más parece un programa presidencial. Noches enteras echando cacumen sobre sus propuestas.
Luego, la fotografía para los afiches y pida plata prestada porque el presupuesto familiar no alcanza. Pero, tranquilos que una vez elegido nuestro hijito, les devolveremos con intereses.
Candidato que por primera vez se lanza, promete solucionar todos los problemas habidos y por haber. Ven a su alrededor un caos completo, solo ellos tienen la solución.
Llega el momento de las reuniones, a buscar salón, sillas y refrigerios. Son las siete, las ocho y las nueve de la noche y las únicas personas presentes, son los abuelitos que los cargaron a la fuerza que con semejante frio, lo único que pescan es un resfriado.
Lo lindo de los candidatos nuevos es esa ilusión de ser ganadores. Para ellos sus contrincantes son unos ineptos. Cada noche hacen cuentas y se dan por seguros ganadores.
Candidato primerizo manda hacer camisetas, banderines, afiches y chalecos para reglar a sus seguidores. Todo se le acaba el mismo día.
Hay que organizar el día de la inscripción, tremenda rumba con orquesta y los seguidores son los mismos pelagatos. La audiencia no crece.
Candidato que se respete, tiene que visitar el programa radial de la Lucy Saldaña, esperando tres horas, para hablar medio minuto.
Cuando llega el día de elecciones, mandan elaborar dos mil tamales. Al media día ya se han agotado todos, calculando que por cada tamal hay un voto. Abren las urnas, cuentan, y! oh sorpresa¡ por dos mil tamales apenas entraron a las urnas veinte votos, los pocos de la familia, comenzando por los abuelos que siempre creyeron en el nieto.
Candidato nuevo hace todo, pero se olvida lo más importante: enseñar a votar, que solo es insistir en el número y el ´partido.
Pero, si no fuera por estos soñadores, no tendríamos democracia.



