CAMPESINOS CONSTRUYEN SU PROPIA VÍA

El proyecto nació desde la comunidad y sumó apoyo institucional.

La comunidad de la vereda Diravita Alto, en el municipio de Firavitoba, protagonizó una destacada jornada de trabajo colectivo al unirse para construir cerca de 30 metros de placa huella, una obra que mejora significativamente la movilidad y las condiciones de vida de los habitantes de esta zona rural.

La iniciativa fue liderada por la Junta de Acción Comunal (JAC), que organizó a los vecinos para aportar mano de obra, tiempo y compromiso en el desarrollo del proyecto. Esta labor conjunta evidencia el sentido de pertenencia y la capacidad de autogestión de las comunidades campesinas, que buscan soluciones concretas ante las dificultades de acceso vial, especialmente en temporadas de lluvia.

La presidenta de la JAC, Elvira Sanabria, destacó que el proyecto fue posible gracias al respaldo de diferentes entidades que se sumaron a esta causa. Entre ellas, el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), que brindó acompañamiento técnico mediante sus instructores, orientando el proceso constructivo y garantizando que la obra cumpliera con los estándares necesarios.

De igual manera, empresas como Calizas y Agregados, Cementos Argos y Cementos Tequendama realizaron aportes en insumos fundamentales para la construcción de la placa huella, lo que permitió avanzar de manera eficiente y segura. Este apoyo del sector privado resultó clave para complementar el esfuerzo de la comunidad.

Por su parte, la Alcaldía de Firavitoba contribuyó con maquinaria pesada, incluyendo una retroexcavadora y una volqueta, herramientas esenciales para la adecuación del terreno y el transporte de materiales. Esta articulación entre comunidad, instituciones públicas y empresa privada fue determinante para lograr el objetivo planteado.

La obra no solo representa una mejora en la infraestructura vial, sino que también tiene un impacto directo en la vida diaria de los habitantes. Facilita el tránsito de vehículos, optimiza el transporte de productos agrícolas y reduce las dificultades de desplazamiento hacia centros educativos, de salud y comerciales.

Este proyecto se suma a otros procesos similares que se han desarrollado en la región, donde la unión comunitaria ha sido clave para impulsar iniciativas que fortalezcan el desarrollo rural. La experiencia de Diravita Alto demuestra que, con organización, voluntad y apoyo interinstitucional, es posible transformar las condiciones del territorio y generar bienestar para las familias campesinas de Boyacá.

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