En las montañas del departamento de Nariño, donde los cultivos de papa y mora sostienen la economía de miles de familias campesinas, las vías dejaron de ser únicamente caminos de tierra y se han convertido en rutas de esperanza. La intervención del Instituto Nacional de Vías, Invías, avanza en distintos corredores rurales con obras que buscan mejorar la movilidad, fortalecer el comercio agrícola y conectar comunidades históricamente aisladas.
Productores de municipios como Pasto, Ipiales y Túquerres aseguran que el mejoramiento vial ha reducido tiempos de desplazamiento y costos de transporte para sacar sus productos hacia las plazas de mercado y centros de distribución. En temporadas de lluvia, cuando antes el barro y los derrumbes dificultaban el paso, hoy varias comunidades cuentan con corredores más seguros y transitables.
La transformación también impacta la vida cotidiana. Estudiantes pueden llegar con mayor facilidad a sus escuelas, ambulancias acceden con menos retrasos a zonas rurales y pequeños comerciantes encuentran nuevas oportunidades para mover sus productos. Para muchas familias, una carretera en buen estado significa más ingresos, menos pérdidas agrícolas y mayor acceso a servicios básicos.
Los trabajos incluyen mantenimiento, pavimentación y recuperación de puntos críticos sobre corredores estratégicos del sur del país, fundamentales para la conexión entre la región andina y la frontera con Ecuador. Además del impacto económico, líderes comunitarios destacan que estas obras generan empleo local y fortalecen la integración regional.
Entre cultivos verdes, montañas cubiertas de neblina y largas jornadas campesinas, las carreteras empiezan a cambiar historias. En Nariño, cada tramo recuperado representa mucho más que infraestructura: es la posibilidad de avanzar hacia un futuro con más oportunidades para quienes viven del campo.


