Un nuevo informe de la Organización Meteorológica Mundial advirtió que América Latina y el Caribe atravesaron en 2025 uno de los años más extremos y peligrosos en materia climática. El documento, presentado en Brasilia bajo el título “Estado del clima en América Latina y el Caribe 2025”, revela que el calor extremo ya está provocando alrededor de 13.000 muertes anuales en la región, aunque la cifra real probablemente sea mucho mayor debido a la falta de registros oficiales y sistemas adecuados de monitoreo sanitario.
Según el informe, la mayoría de países latinoamericanos no publica de manera sistemática las muertes asociadas a altas temperaturas. Por ello, muchas veces los expertos deben calcular el impacto del calor utilizando métodos indirectos, especialmente el análisis del “exceso de mortalidad”, que compara cuántas personas murieron durante determinados periodos extremos frente a cuántas habrían fallecido en condiciones climáticas normales.
La OMM considera que las 13.000 muertes anuales estimadas entre 2012 y 2021 en 17 países son apenas una aproximación parcial. El organismo sostiene que existe una subestimación estructural del problema porque muchas víctimas no son registradas oficialmente como fallecimientos causados por calor, aun cuando las altas temperaturas agravan enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales y otros problemas de salud.
El informe describe un panorama climático alarmante en toda la región durante 2025. América Latina sufrió olas de calor sin precedentes, sequías extremas, inundaciones masivas, huracanes destructivos y un acelerado deshielo de glaciares andinos. La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, afirmó que las señales del cambio climático ya son “inequívocas” en toda América Latina y el Caribe.
Entre los eventos más graves registrados durante 2025 aparecen lluvias torrenciales e inundaciones en países como Colombia, Perú, Ecuador, Brasil y Venezuela. También se reportaron deslizamientos de tierra y pérdidas humanas y materiales en varias zonas urbanas y rurales. Paralelamente, México sufrió una sequía histórica que afectó aproximadamente al 85% de su territorio nacional.
Otro de los puntos críticos mencionados por la OMM es el rápido deterioro de los glaciares andinos. Estos glaciares representan una fuente estratégica de agua para cerca de 90 millones de personas en Sudamérica. Sin embargo, el aumento sostenido de las temperaturas está acelerando su desaparición, generando riesgos para el abastecimiento hídrico futuro, especialmente en zonas montañosas y grandes ciudades que dependen de esas reservas naturales.
El documento también destaca la intensidad de las olas de calor registradas en diferentes países. En varias zonas de América se superaron los 45 °C. Brasil se convirtió en uno de los casos más representativos del problema. El Instituto Nacional de Meteorología brasileño registró siete olas de calor durante 2025. Ciudades como Río de Janeiro alcanzaron temperaturas de hasta 44 °C, mientras São Paulo rompió su récord histórico de temperatura con 37,2 °C, el valor más alto en más de seis décadas de mediciones oficiales.
Las consecuencias sociales fueron inmediatas. Autoridades locales tuvieron que retrasar el inicio de clases en algunas regiones y habilitar “refugios climáticos” para proteger a personas vulnerables frente al calor extremo. Sin embargo, pese a la gravedad de la situación, gran parte de las muertes relacionadas con estas temperaturas continúa sin aparecer claramente en las estadísticas oficiales.
La OMM alertó que el calor extremo representa una amenaza creciente para los sistemas de salud pública. A medida que aumentan las temperaturas globales, también crecen los riesgos de golpes de calor, deshidratación severa, enfermedades cardiovasculares y colapsos físicos, especialmente entre adultos mayores, trabajadores expuestos al sol, niños y personas con enfermedades crónicas.
Por esa razón, el organismo hizo un llamado urgente a fortalecer los sistemas de alerta temprana y la coordinación entre autoridades meteorológicas y servicios de salud pública. La OMM insiste en que muchas muertes podrían evitarse si existieran mecanismos de prevención más eficientes, campañas de información ciudadana y protocolos de respuesta rápida durante las olas de calor.
Celeste Saulo calificó el informe como un verdadero “llamado a la acción”. Según explicó, los países latinoamericanos necesitan invertir más en monitoreo climático, sistemas de observación meteorológica y servicios públicos capaces de responder a fenómenos extremos cada vez más frecuentes e intensos.
El informe también menciona el “Plan de Acción en Salud de Belém”, aprobado durante la COP30 de la ONU en noviembre de 2025. Ese acuerdo internacional busca adaptar los sistemas sanitarios al impacto creciente de la crisis climática y promover políticas públicas enfocadas en prevenir enfermedades y muertes asociadas al cambio climático.
Además del impacto humano, la OMM advirtió sobre las consecuencias económicas y sociales del calentamiento extremo. El calor afecta la productividad laboral, aumenta la presión sobre los sistemas energéticos, agrava la inseguridad alimentaria y pone en riesgo actividades agrícolas, ecosistemas marinos y recursos hídricos fundamentales para millones de personas.
En conclusión, el informe presentado en Brasilia muestra que América Latina ya vive una emergencia climática con efectos directos sobre la salud y la vida de la población. Aunque el calor extremo está causando miles de muertes cada año, gran parte de esas víctimas permanecen invisibles debido a la falta de registros oficiales y de políticas de monitoreo adecuadas. La OMM advierte que, si los gobiernos no fortalecen sus sistemas de prevención, salud pública y adaptación climática, el número de fallecimientos y desastres asociados al cambio climático seguirá aumentando en los próximos años.




