Fanor fue capturado en un operativo interinstitucional realizado en el barrio Bosques del Edén, Comuna 1 de Palmira. Su nombre ya circulaba entre los habitantes como un referente del microtráfico en la zona, señalado de dinamizar la distribución de estupefacientes y de mantener vínculos con redes que operaban en distintos sectores de la ciudad. La detención marca un punto de quiebre en un territorio golpeado por la presencia constante de expendios ilegales y la violencia asociada a ellos.
La incautación de más de 1.100 dosis de estupefacientes —dos libras de marihuana a granel, 30 cigarrillos artesanales y 40 dosis de clorhidrato de cocaína— junto con dinero en efectivo, confirma la magnitud de la actividad ilegal que se movía bajo la coordinación de Fanor. Estos elementos, sumados a la captura, refuerzan la hipótesis de un sistema organizado de distribución que afectaba directamente la vida comunitaria.
La figura de Fanor no era desconocida. Su nombre aparecía vinculado a cinco anotaciones judiciales por delitos como inasistencia alimentaria, tráfico de estupefacientes y homicidio. Esa trayectoria lo convertía en un actor de riesgo para la seguridad de los barrios, donde la venta de drogas no solo alimentaba la violencia, sino que también generaba un ambiente de temor entre los vecinos. La comunidad había denunciado en varias ocasiones la presencia de expendios y la presión que ejercían sobre jóvenes y familias vulnerables.


