Por: Emilio Jiménez Santiusti
Don Juan Gossaín, a quien le envío buena energía y oraciones para su pronta recuperación, ya que ingresó a atención médica por problemas cardíacos, se inventó una sección en el noticiero llamada, El Horno de las Noticias, era dar un adelanto a las 6:00 a.m. de lo que iba a suceder en el día; yo, además, la tomaba como la cantidad de información diaria que genera nuestro país, como ningún otro.
En ese sentido es pertinente reflexionar sobre tres sucesos relevantes en los últimos días. Primero, y el más reciente, los hechos de corrupción destapados en la Alcaldía de Cali. Aporta que el partido Alianza Verde y congresistas del Pacto Histórico como Gustavo Bolívar, publiquen y exijan a los entes de control investigar a fondo la responsabilidad judicial y disciplinaria de sus funcionarios. Alienta ver que la lucha contra la corrupción está por encima de acuerdos o amistades políticas.
Segundo, veo vanagloriarse a los de la marcha de la oposición porque no hubo terrorismo o vandalismo, Revista Semana también lo resaltó así. Esto únicamente demuestra que el gobierno anterior sí infiltró las protestas. Me acuerdo que todos los desmanes empezaban después de las cinco de la tarde y con encapuchados «raros». Aclaro, no estoy desconociendo a los otros actores violentos.
La rivalidad política entre países no puede cerrarle la puerta al pueblo. Veníamos en silencio y acostumbrados a que la pugna por ideales y el ego de los presidentes, estaban por encima de la prosperidad».
Recuerdo en la Plaza de Nariño cuando incendiaron las ventanas de la Gobernación; aunque había ESMAD cerca de las llamas, enviaron a atender el fuego desde el otro extremo abriendo con gases el concierto y los actos artísticos; la orden era acabar, sin duda, con el evento cultural que a propósito ya tenía hasta caretas del carnaval.
Tercero y no menos importante, al contrario, es una de las noticias más esperanzadoras de los últimos años, la apertura de la frontera con Venezuela, demuestra que por fin se pone en prioridad el bienestar económico de la clase media y baja de Norte de Santander y Táchira. La rivalidad política entre países no puede jamás cerrarle la puerta al pueblo. Veníamos en silencio y acostumbrados a que la pugna por ideales y el ego de los presidentes, estaban por encima de la prosperidad de la sociedad.




