El 6 de enero de 1999 marcó para siempre la historia del Consejo Comunitario Los Manatíes, en el municipio de Turbo, Antioquia. Ese día, un grupo armado irrumpió en la vida de una familia campesina y asesinó al padre de James, un niño de apenas 10 años que presenció el crimen mientras trabajaban la tierra. Bajo amenazas, la comunidad enterró el cuerpo en una fosa común, sin rituales ni despedidas, dando inicio a un silencio forzado que se prolongó durante más de dos décadas.
Búsqueda
El miedo impidió que la verdad saliera a la luz hasta finales de 2024, cuando los habitantes del Consejo Comunitario decidieron solicitar apoyo a la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (Ubpd). Gracias a la confianza construida con la comunidad, fue posible identificar la ubicación de una fosa clandestina asociada al conflicto armado y avanzar en el proceso de exhumación.
Según Juan Camilo Gallego Castro, funcionario de la Ubpd y responsable del Plan Regional de Búsqueda del Eje Bananero, la colaboración comunitaria fue determinante para recuperar el cuerpo en una zona boscosa de difícil acceso. Este hallazgo representa una esperanza para la familia, que por fin podría cerrar un ciclo de dolor e incertidumbre.
Para la comunidad de Los Manatíes, profundamente ligada a la memoria y al territorio, este proceso simboliza una reparación colectiva. La representante legal, Dary Luz Chaverra León, destacó que la recuperación del cuerpo no solo alivia a la familia, sino también a toda la comunidad, que carga con el peso de una historia inconclusa.
En el Eje Bananero, la Ubpd ha recuperado 122 cuerpos entre 2024 y 2025, aunque aún se estima que más de 3.500 personas permanecen desaparecidas. Cada hallazgo reafirma la importancia de la verdad, la memoria y la dignidad para sanar las heridas del conflicto armado en Antioquia.




