Bosnia se despide del Mundial con la frente en alto tras una participación histórica para su fútbol
Los Zmajevi llegaron a Estados Unidos como uno de los mejores terceros de la fase de grupos y eso ya era un logro sin precedentes para una selección que nunca antes había alcanzado una fase eliminatoria en una Copa del Mundo. La derrota 2-0 ante el anfitrión en los dieciseisavos de final no opaca lo que Bosnia construyó en este torneo: una campaña ordenada, valiente y llena de personalidad que sorprendió a propios y extraños. Edin Džeko, el capitán histórico que cerró así su última Copa del Mundo a los 40 años, se fue del campo con lágrimas que resumían décadas de lucha de un fútbol balcánico que siempre quiso llegar hasta aquí.
Lo más valioso que se lleva Bosnia de este Mundial es la certeza de que el modelo funciona. Un país pequeño con recursos limitados, que vivió una guerra apenas hace tres décadas, logró clasificarse al torneo más grande del mundo y superó la fase de grupos por primera vez en su historia. Las nuevas generaciones de jugadores bosnios que miraron el torneo desde casa crecerán sabiendo que es posible llegar hasta aquí, y eso vale más que cualquier resultado. El técnico Sergej Barbarez se va con la satisfacción del trabajo cumplido y con el proyecto más avanzado que ha tenido el fútbol bosnio en toda su historia. La eliminación duele, pero el futuro de Bosnia en el fútbol mundial nunca ha lucido más prometedor.



