Los bombardeos de Estados Unidos en Kermanshah formaron parte de una nueva oleada de ataques contra objetivos vinculados al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI), en medio de la escalada militar entre Washington y Teherán y de la crisis alrededor del estrecho de Ormuz.
Los ataques se produjeron el 1 de septiembre de 2026, y durante las horas posteriores las autoridades iraníes informaron de víctimas en distintas zonas del país. En la provincia occidental de Kermanshah, la Guardia Revolucionaria confirmó la muerte de cuatro integrantes de su Fuerza Aeroespacial como consecuencia de los ataques estadounidenses.
La operación no se limitó a Kermanshah. El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) afirmó que sus fuerzas habían completado una oleada de ataques contra diferentes objetivos militares iraníes, entre ellos sistemas de defensa aérea, radares, instalaciones y activos marítimos, capacidades para colocar minas y centros de comunicaciones.
El episodio representó una nueva escalada dentro del conflicto que enfrenta a Estados Unidos e Irán y que también tiene consecuencias sobre la seguridad energética, el transporte marítimo y los mercados internacionales.
¿Qué ocurrió en Kermanshah?
Kermanshah se encuentra en el oeste de Irán, cerca de la frontera con Irak. La provincia tiene importancia militar debido a su ubicación estratégica y a la presencia de instalaciones vinculadas con las capacidades militares iraníes.
Durante la oleada estadounidense del 1 de septiembre, se produjeron ataques en diferentes puntos de Irán. Posteriormente, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica comunicó que cuatro miembros de su Fuerza Aeroespacial habían muerto en Kermanshah.
La información disponible sobre los objetivos específicos destruidos en Kermanshah es más limitada que la información general publicada por Washington sobre la operación. Por ello, no es conveniente atribuir daños concretos a determinadas instalaciones sin evidencia independiente suficiente.
Imágenes satelitales publicadas durante 2026 sí han mostrado daños anteriores en instalaciones relacionadas con misiles en la zona de Kermanshah. Estas imágenes han permitido identificar estructuras destruidas y posibles impactos en instalaciones militares, aunque deben diferenciarse de los ataques ocurridos específicamente durante la operación de septiembre.
¿Por qué Estados Unidos atacó posiciones iraníes?
Según la explicación ofrecida por CENTCOM, la nueva campaña de ataques estuvo relacionada con los intentos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de atacar buques comerciales que transitaban por el estrecho de Ormuz y con acciones dirigidas contra personal estadounidense desplegado en la región.
Los objetivos anunciados por Estados Unidos incluían sistemas de defensa aérea, radares, instalaciones marítimas, capacidades para colocar minas y sistemas de comunicaciones.
El estrecho de Ormuz es especialmente importante porque constituye una de las principales rutas marítimas utilizadas para transportar petróleo y otros productos energéticos desde el golfo Pérsico hacia los mercados internacionales.
Por eso, cualquier enfrentamiento militar que amenace la navegación por esa zona puede tener repercusiones que van mucho más allá de Irán y Estados Unidos.
La respuesta de Irán
Después de los ataques estadounidenses, las autoridades iraníes informaron de operaciones contra posiciones estadounidenses en distintos puntos de Medio Oriente.
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria afirmó haber realizado ataques con misiles y drones contra instalaciones estadounidenses. Entre los lugares mencionados estuvieron bases o instalaciones ubicadas en países como Jordania, Kuwait e Irak.
La escalada también tuvo consecuencias sobre el transporte marítimo. La situación alrededor del estrecho de Ormuz se convirtió en uno de los principales focos de preocupación debido al riesgo de interrupciones en el tráfico de buques comerciales.
Para los mercados internacionales, el problema no consiste únicamente en que se produzcan daños en instalaciones militares. Una interrupción prolongada del transporte de petróleo puede afectar los precios de la energía, los costos de transporte y, posteriormente, los precios de numerosos productos.
Víctimas y daños en territorio iraní
La oleada de ataques provocó víctimas en diferentes zonas de Irán.
En Kermanshah, el CGRI informó inicialmente de cuatro miembros de su Fuerza Aeroespacial muertos. En la provincia de Juzestán, autoridades iraníes informaron de siete personas fallecidas y ocho heridas. También se reportaron víctimas en otros puntos del sur del país.
Uno de los episodios más graves ocurrió en la provincia de Hormozgán, donde autoridades iraníes informaron que un ataque alcanzó una zona residencial durante una celebración de boda. La información difundida por las autoridades iraníes señaló cuatro muertos y decenas de heridos. El ejército estadounidense sostuvo que sus fuerzas no tienen como objetivo a civiles y que estaba al tanto de los reportes.
Las cifras de víctimas en conflictos activos pueden cambiar a medida que continúan las labores de identificación y verificación, por lo que las cifras deben atribuirse a las autoridades o medios que las reportan.
Una nueva fase de la confrontación entre Washington y Teherán
Los ataques de septiembre no pueden entenderse como un episodio aislado.
Durante 2026, Estados Unidos e Irán han protagonizado diferentes episodios de enfrentamiento militar. En las últimas semanas, además, la atención internacional se ha concentrado en el estrecho de Ormuz, donde las amenazas contra buques comerciales y las operaciones militares han aumentado el riesgo para una de las principales rutas energéticas del planeta.
A mediados de septiembre, Irán planteó la posibilidad de reabrir el estrecho de Ormuz si Estados Unidos reducía la presión militar y levantaba el bloqueo sobre los puertos iraníes. La propuesta fue presentada en el contexto de esfuerzos diplomáticos para reducir la confrontación.
Sin embargo, la tensión continuó. El 21 de septiembre, la Guardia Revolucionaria advirtió que podría modificar sus estrategias y objetivos si Estados Unidos seguía aumentando la presión militar.
La situación también llegó a la Asamblea General de las Naciones Unidas. El presidente estadounidense Donald Trump sostuvo el 22 de septiembre que su Gobierno continuaba presionando a Irán y planteó la posibilidad de un acuerdo, mientras las autoridades iraníes seguían defendiendo la vía diplomática bajo determinadas condiciones.
El impacto económico de los ataques sobre Irán
Una guerra prolongada genera costos económicos que van mucho más allá del valor de las armas utilizadas.
En el caso iraní, los ataques contra instalaciones militares y de infraestructura pueden obligar al Gobierno a destinar más recursos a defensa, reparación de instalaciones y reposición de equipos.
Al mismo tiempo, la incertidumbre dificulta la actividad económica. Las empresas pueden retrasar inversiones, las cadenas de suministro pueden verse afectadas y el transporte de mercancías puede encarecerse.
Las restricciones internacionales también tienen un papel importante. Estados Unidos ha continuado ampliando su presión económica sobre Irán y ha anunciado nuevas medidas contra instituciones financieras iraníes y entidades vinculadas con el CGRI.
El efecto combinado de sanciones, guerra, restricciones financieras y problemas de transporte puede reducir el margen de maniobra de la economía iraní.
El estrecho de Ormuz y el precio del petróleo
Uno de los principales canales mediante los cuales el conflicto puede afectar a la economía mundial es el petróleo.
El estrecho de Ormuz conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y constituye una vía fundamental para el comercio energético internacional. Cuando aumenta el riesgo de que los buques sean atacados, las empresas navieras pueden enfrentar mayores costos de seguros, transporte y seguridad.
Esto puede trasladarse a los precios internacionales de los combustibles.
Una subida del petróleo puede tener consecuencias para países que dependen de combustibles importados, porque aumenta los costos del transporte terrestre, aéreo y marítimo. También puede encarecer algunos procesos industriales y terminar ejerciendo presión sobre los precios que pagan los consumidores.
¿Cómo puede afectar esto a Colombia?
Colombia no es una parte directa del conflicto entre Estados Unidos e Irán, pero la economía colombiana está integrada al comercio internacional y puede recibir efectos indirectos.
Uno de ellos está relacionado con el precio internacional del petróleo. Colombia es un importante productor y exportador de hidrocarburos, por lo que una subida internacional del precio puede aumentar los ingresos obtenidos por las exportaciones de petróleo.
Sin embargo, eso no significa que una crisis internacional sea necesariamente positiva para toda la economía colombiana. Un aumento del petróleo también puede elevar los costos de combustibles y transporte y generar presiones sobre otros precios.
Además, si una crisis internacional incrementa los costos de transporte marítimo, las mercancías que llegan a Colombia pueden encarecerse.
Esto resulta particularmente importante porque las importaciones colombianas tienen un peso considerable en la economía.
Según el DANE, en julio de 2026 las importaciones colombianas alcanzaron US$7.968,1 millones CIF, con un crecimiento de 22,9 % frente a julio de 2025. Las manufacturas representaron el 72,5 % del valor total importado.
Durante ese mismo mes, las exportaciones colombianas fueron de US$4.690,7 millones FOB, lo que significa que las compras externas superaron ampliamente las ventas externas.
El resultado fue un déficit comercial de US$2.797,8 millones FOB en julio de 2026, frente a un déficit de US$1.694,2 millones registrado en julio de 2025.
¿Por qué puede ser problemático importar productos que Colombia podría producir?
Aquí es importante hacer una distinción: importar no es necesariamente malo para Colombia.
El país necesita comprar en el exterior numerosos bienes que no produce, o que no produce en cantidades suficientes. También importa maquinaria, tecnología, equipos, materias primas e insumos que pueden ser utilizados por empresas colombianas para producir otros bienes.
El problema aparece cuando productos que podrían fabricarse competitivamente en Colombia son sustituidos de manera importante por productos extranjeros, especialmente si esa situación reduce las oportunidades para productores nacionales.
Cuando un consumidor compra un producto fabricado en Colombia, parte de ese gasto puede permanecer dentro de la economía nacional. Puede beneficiar al fabricante, al agricultor o proveedor de materias primas, al transportador, al comerciante y a otros trabajadores que participan en la cadena.
Cuando el producto es completamente importado, una parte importante del valor asociado a su producción se genera en otro país.
Esto no significa que todo el dinero de una importación «salga» de Colombia, porque existen actividades nacionales relacionadas con distribución, comercialización, transporte, almacenamiento e impuestos. Pero sí significa que la producción extranjera está capturando una parte de la demanda que podría, en determinados casos, atender una empresa nacional.
El efecto sobre el empleo y la industria nacional
El impacto puede ser especialmente relevante en sectores donde Colombia tiene capacidad productiva.
Si una empresa nacional pierde participación en el mercado frente a productos importados, puede reducir su producción, sus inversiones o su contratación. Si el fenómeno se mantiene durante mucho tiempo, puede disminuir la capacidad productiva de determinadas cadenas.
Esta discusión cobra relevancia en un momento en el que la industria manufacturera colombiana enfrenta desafíos. El DANE reportó que en julio de 2026 la producción industrial total cayó 0,3 % frente al mismo mes de 2025, mientras que la industria manufacturera registró una variación negativa de 2,3 %.
No obstante, no sería correcto atribuir esa caída exclusivamente a las importaciones. La producción industrial depende también de factores como demanda, costos, tasas de interés, energía, productividad, inversión, exportaciones y condiciones internacionales.
Comprar colombiano puede fortalecer las cadenas productivas
Fomentar la compra de productos colombianos puede contribuir a desarrollar cadenas productivas locales cuando existen condiciones para producirlos de manera eficiente.
Por ejemplo, una compra de alimentos nacionales puede beneficiar no solamente al supermercado o vendedor final, sino también al agricultor, los trabajadores rurales, las empresas de transformación, los transportadores, los empacadores y otros proveedores.
Lo mismo puede ocurrir en sectores manufactureros: una empresa que adquiere insumos nacionales puede generar demanda para otras compañías colombianas.
Esta lógica forma parte de las políticas de reindustrialización que han planteado las autoridades colombianas. En junio de 2026, el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo anunció medidas orientadas a fortalecer la producción nacional, sustituir determinadas importaciones y proteger el empleo, aunque al mismo tiempo señaló la necesidad de facilitar el acceso a insumos estratégicos que la industria colombiana necesita importar.
Sustituir importaciones no significa cerrar la economía
El objetivo no debería entenderse como eliminar las importaciones.
Una economía moderna necesita comerciar con otros países. Colombia requiere maquinaria extranjera, componentes tecnológicos, determinados medicamentos, materias primas, equipos especializados y numerosos bienes que pueden no producirse localmente con suficiente escala o eficiencia.
Por eso, una estrategia de sustitución de importaciones funciona mejor cuando busca producir en Colombia aquellos bienes en los que existe capacidad o potencial competitivo, mientras se mantienen las importaciones necesarias para aumentar la productividad.
El desafío consiste en evitar que las empresas nacionales queden desplazadas por productos extranjeros cuando sí existe una posibilidad razonable de desarrollar producción local competitiva.
Una crisis internacional que también afecta las decisiones económicas
Los bombardeos de Kermanshah muestran cómo un conflicto militar localizado puede tener consecuencias económicas internacionales.
Los ataques contra posiciones del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria forman parte de una confrontación más amplia que involucra seguridad regional, sanciones, comercio marítimo y energía.
Para Colombia, las consecuencias más importantes no provienen de una relación comercial directa con Kermanshah, sino de los posibles efectos sobre petróleo, combustibles, transporte marítimo, costos de importación y mercados internacionales.
En ese contexto, fortalecer la producción nacional puede funcionar como una forma de reducir determinadas vulnerabilidades externas, siempre que se haga mediante mejoras en productividad, tecnología, infraestructura y competitividad, y no simplemente sustituyendo productos extranjeros por productos nacionales más costosos.
La economía colombiana, además, necesita aumentar su capacidad exportadora. Los datos del DANE muestran que en julio de 2026 el país importó considerablemente más de lo que exportó, reflejándose en un déficit comercial de casi US$2.800 millones.
Por eso, el debate no consiste únicamente en «importar o no importar», sino en determinar qué bienes conviene producir en Colombia, cuáles resulta eficiente adquirir en el exterior y cómo aumentar la capacidad de las empresas nacionales para competir tanto dentro del país como en los mercados internacionales.
En contexto
Los bombardeos de Estados Unidos en Kermanshah del 1 de septiembre de 2026 fueron parte de una operación estadounidense más amplia contra objetivos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica en Irán. El CGRI confirmó la muerte de cuatro integrantes de su Fuerza Aeroespacial en Kermanshah, mientras que Estados Unidos afirmó que sus ataques buscaban afectar capacidades militares iraníes relacionadas con defensa aérea, radares, instalaciones marítimas, colocación de minas y comunicaciones.
La confrontación tiene una dimensión económica que trasciende las fronteras de Irán: cualquier alteración prolongada del tráfico por el estrecho de Ormuz puede repercutir en energía, transporte y precios internacionales. Para Colombia, esto vuelve especialmente relevante fortalecer la producción nacional y diversificar las exportaciones, aunque las importaciones continúan siendo necesarias para acceder a bienes, tecnologías e insumos que el país no produce competitivamente.


