En la noche del miercoles 25 de marzo, con las luces de la Avenida Caracas de Bogota como fondo y el frio de marzo pegando mas fuerte que de costumbre, miles de bogotanos se reunieron en el Monumento a los Heroes de la capital colombiana para una velaton en honor a los 69 uniformados fallecidos en el accidente del avion Hercules C-130 de la Fuerza Aeroespacial Colombiana el 23 de marzo en Puerto Leguizamo, Putumayo. El balance oficial de victimas habia subido de 66 a 69 en las horas previas al acto, a medida que el proceso de identificacion de los cuerpos avanzaba y que la busqueda de los desaparecidos en la zona del siniestro encontraba los ultimos restos. La velaton, convocada por las redes sociales y respaldada por la Alcaldia de Bogota, la Gobernacion de Cundinamarca y varias organizaciones de veteranos y familias de militares, fue la expresion mas visible y colectiva del duelo que el pais proceso durante los tres dias anteriores.
El Monumento a los Heroes, ubicado en la interseccion de la Avenida Caracas con la Calle 80 en el noroccidente de Bogota, tiene una historia que lo hace el lugar mas apropiado para este tipo de actos de memoria colectiva. El obelisco de granito de 40 metros, rodeado de esculturas que representan a los diferentes cuerpos de la Fuerza Publica, fue inaugurado en 1963 y desde entonces ha sido el punto de encuentro natural de los bogotanos cuando el pais necesita despedir a sus uniformados o renovar el compromiso civico con quienes protegen el territorio. En las noches del miercoles, las velas encendidas rodearon la base del monumento en una circunferencia de luz que los medios registraron desde el aire con drones, generando imagenes que circularon en todas las plataformas como el simbolo visual mas poderoso del duelo nacional por el Hercules.
Las familias de los uniformados fallecidos comenzaron a recibir los cuerpos de sus seres queridos a partir del martes 24 de marzo, a medida que el proceso forense en las instalaciones del Instituto Nacional de Medicina Legal avanzaba con los procedimientos de identificacion. El general Hugo Alejandro Lopez Barreto, comandante de las Fuerzas Militares, presidio una ceremonia de duelo en la mañana del miercoles en la Escuela Militar de Cadetes en Bogota donde fueron depositados los cuerpos identificados de los once tripulantes de la Fuerza Aeroespacial antes de ser entregados a sus familias para los funerales en sus ciudades de origen. Las ciudades que mas uniformados perdieron en el accidente fueron Bogota, Medellin, Bucaramanga y varios municipios de los Llanos Orientales, donde el Ejercito tiene bases importantes para las operaciones de control en esa region del pais.
El proceso de investigacion del accidente tuvo este miercoles su primer informe oficial de avance. El Ministerio de Defensa confirmo que la Comision Investigadora de Accidentes de Aviacion del Estado, la CIIAE, tiene el mando de la investigacion y que la caja negra del avion fue recuperada en buen estado en la zona del siniestro. El analisis de los datos del registrador de vuelo y del registrador de voz de la cabina de mando tardara entre cuatro y seis semanas en producir conclusiones preliminares, pero las autoridades adelantaron que las primeras lecturas tecnicas del registrador de vuelo confirman que el avion experimento una perdida de potencia en uno de sus cuatro motores en los primeros segundos del despegue, lo que genero una asimetria de empuje que los pilotos no pudieron compensar antes de que la aeronave perdiera sustentacion.
La dimension social del accidente toca fibras muy especificas de la identidad colombiana. Los 69 uniformados fallecidos no eran figuras publicas ni personajes famosos: eran soldados y policias de origen humilde que habian elegido la carrera militar o policial como forma de ganarse la vida y de aportar a la seguridad de su pais, muchos de ellos provenientes de familias de escasos recursos en departamentos como Narino, Boyaca, Meta, Casanare y el propio Putumayo. Sus madres, padres, esposas, hijos y hermanos dieron el miercoles sus primeras declaraciones a los medios de comunicacion colombianos, y sus palabras, directas y sin adornos, fueron las que mas conmovieron al pais: una madre de Pasto que dijo que su hijo habia entrado al Ejercito porque queria comprarle una casita y que nunca penso que el uniforme iba a convertirse en su ultimo recuerdo; un padre de Yopal que mostro la foto del graduacion militar de su hijo y que no pudo terminar la frase que empezo cuando el periodista le pregunto por sus planes para el futuro.
El presidente de la Republica, Gustavo Petro, reitero en el acto del miercoles el llamado que habia hecho el dia del accidente a modernizar las Fuerzas Militares y a destrabar las decisiones de compra de equipos nuevos que lleva anos trabadas en los laberintos burocraticos del Estado colombiano. Segun el mandatario, la flota de Hercules C-130 del pais, algunos de los cuales llevan mas de cuatro decadas en servicio, necesita ser renovada con urgencia, y el accidente de Putumayo es el argumento mas definitivo y mas doloroso de esa necesidad. El Congreso colombiano tiene pendiente desde hace meses la aprobacion de un proyecto de ley que asigna recursos para la renovacion de la flota de transporte aereo de las Fuerzas Militares, y el accidente de Puerto Leguizamo le da a ese proyecto una urgencia que los legisladores ya no pueden ignorar.
Este jueves 26 de marzo, mientras Colombia se prepara para el partido ante Croacia en Orlando, el duelo por los heroes del Hercules no ha terminado. Los funerales se realizan en distintas ciudades del pais a lo largo del dia, con honores militares en cada uno. Los cuatro desaparecidos que no habian sido encontrados al cierre del miercoles siguen siendo buscados en la zona del siniestro por equipos de rescate que trabajan sin descanso en la selva putumayense. Y las familias de los 69 que ya no volveran a casa comienzan el proceso mas largo y mas dificil de todos: aprender a vivir con la ausencia. El pais los acompana desde el Monumento a los Heroes de Bogota, desde las velas encendidas en los parques de cien municipios, y desde el silencio que cualquier colombiano guarda cuando se detiene a pensar en lo que cuesta mantener la paz.

