El Xeneize sufrió como nunca en Rancagua y la clasificación por penales no esconde los problemas graves del equipo
Boca Juniors vivió una de las noches más angustiantes de su temporada continental en el estadio El Teniente de Rancagua, donde O’Higgins lo superó durante gran parte del partido y solo la ineficacia del equipo chileno para anotar el segundo gol y la efectividad desde los doce pasos salvaron al Xeneize de una eliminación que hubiera sido un escándalo mayúsculo para el club más popular de Argentina. El equipo de Arruabarrena mostró exactamente los mismos problemas que lo llevaron a caer 3-0 ante Deportivo Riestra en el Clausura apenas días antes: falta de control en la zona medular, dificultades para sostener la pelota en los momentos de presión y una fragilidad defensiva que O’Higgins aprovechó con el gol de Francisco González al minuto 72. Leandro Paredes, Miguel Merentiel, Jorge Figal y Lautaro Blanco fueron los héroes desde el punto penal pero la realidad del partido fue que Boca fue inferior durante los 90 minutos.
Lo que más preocupa del Xeneize después de esta clasificación sufrida es que el equipo no muestra señales de mejoría en su juego colectivo independientemente del torneo que dispute. En el Clausura viene de una goleada humillante ante Riestra y en la Copa Sudamericana apenas sobrevivió ante un equipo chileno que no es candidato al título del torneo. Arruabarrena tiene la presión de un club enorme que exige resultados convincentes y no solo clasificaciones agónicas por penales, y el próximo partido ante Recoleta de Paraguay en octavos será una nueva prueba para demostrar que Boca tiene argumentos futbolísticos reales para soñar con ir lejos en la Copa Sudamericana 2026 más allá de la suerte en las tandas de penales.




