El Xeneize respira con la clasificación a octavos pero la calma es frágil porque los problemas siguen sin resolverse
Boca Juniors vive en este momento una tranquilidad relativa que la clasificación a los octavos de la Copa Sudamericana le dio pero que puede evaporarse rápidamente si los resultados en el torneo local no mejoran. El Xeneize tiene la satisfacción de seguir vivo en el torneo continental donde ahora enfrentará a Recoleta de Paraguay en una llave que en papel es favorable, y eso le da a Arruabarrena y al plantel un margen de confianza para trabajar con algo menos de presión inmediata. Los refuerzos de Sebastián Villa y Álvaro Montero llegaron con buen pie en sus primeras actuaciones y la incorporación de nuevas piezas al equipo genera expectativa en una hinchada que sabe que el potencial de la plantilla es mayor de lo que los resultados recientes sugieren.
Sin embargo la calma tiene un límite muy claro: Boca viene de ser goleado 3-0 por Deportivo Riestra en el Clausura, arrancó el segundo semestre del fútbol argentino sin ganar y la racha de malos resultados en el torneo local genera una presión que ninguna clasificación continental puede callar indefinidamente en un club de las dimensiones del Xeneize. Arruabarrena sabe que el próximo partido ante Newell’s en Rosario es una prueba de fuego para demostrar que el equipo tiene la capacidad de ganar en el fútbol argentino con regularidad, porque si Boca vuelve a perder o a mostrar el mismo nivel pobre que mostró en Chile la tranquilidad actual se convertirá rápidamente en una tormenta que el técnico podría no sobrevivir. La calma de hoy en La Ribera es la de quien sabe que tiene que resolver problemas urgentes antes de que el tiempo se acabe.




