Ricardo Sarasty

Son bizcos o se hacen

Según la literatura médica las personas conocidas como bizcas lo son por causa de una lesión en un nervio óptico o porque los músculos que controlan el movimiento de los ojos sufren de alguna afectación que le impide moverse hacia la misma dirección simultáneamente, en el caso del estrabismo divergente, permitiendo pensar en que la mirada de quien padece esta anomalía física se desvía hacia donde cada ojo parece fijarla por separado. Pues mientras el ojo derecho da la sensación de que ve hacia un lado, el otro se dirige hacia el objetivo opuesto, por lo que se le dificulta a la persona acompañante identificar lo que el estrábisco divergente observa. En el caso del estrabismo convergente uno o los dos ojos tiende a moverse hacia la nariz. Lo que quizá de manera equivocada lleve a creer que la persona de manera disimulada ve algo sobre lo cual evita llamar la atención.  

Aparte de la dificultad que puede suscitarle esta condición física para ver a quien la padece, el contar con ojos bizcos no contribuye con la estética del rostro, por lo menos en la actualidad y en gran parte de los países de occidente, pues entre mayor es la desviación si no es desagradable puede resultar bastante incomodo el ver a una persona bizca o que bizquea. Aunque según se puede leer en textos referidos a las culturas hindú y de los mayas, en esos contextos los bizcos se tienen como bendecidos por la belleza. Por lo que ni el pasado ni ahora se buscó ni se someten a tratamiento alguno los ojos para corregir la desviación ocular de manera temprana, tal como el uso de anteojos especiales o de parches para la vista, y, en raras ocasiones, la cirugía.

Es que no siempre el desvío de los ojos se debe a causas patológicas puesto que más de una persona bizquea con intención, literalmente. Parte del coqueteo femenino consiste en saber cómo, cuándo y sobre quién se coloca un ojo mientras el otro simula permanecer atento ante un objetivo común. Ese gesto es intencional, ya que bien lo saben las que lo utilizan que se convierte en parte de su atractivo para aquel o aquella que lo distingue en la distancia y sabe que es él o ella el centro real de esa mirada. No por razón diferente la diosa Venus bizquea en más de una de sus representaciones, tal como la pintan entre otros Botticelli en el nacimiento de la diosa y Rubens que la sienta sobre las rodillas de Marte a quien ve de manera bisoja. Por eso hasta los médicos estudiosos de esta anomalía física se atrevieron a afirmar como lo hizo Jean-Baptiste Lucien Baudens en su momento, quela leve desviación ocular da a la mirada algo de ternura y voluptuosidad. Y aunque lo más seguro es que muchas de las emulas de la Venus nunca se hayan enterado de este concepto sobre el bizquear, ellas lo hacen de manera innata y muy bien. Este empleo del hábil desvió de los ojos para la picardía por parte de la mujer que juega a la conquista amorosa, también ha permitido que se tome la expresión hacerse el bizco en sentido metafórico. Así como cuando se le pide a quien debe de cuidar un encargo que se haga el de las gafas y vea hacia el lugar contraria a donde ha de ocultarse el encargo. También bizquea aquel que entrega al compañero a los compinches para que estos dispongan de él o simplemente lo abandona. Bizquean los jueces cuando absuelven o condenan con un ojo puesto sobre las pruebas y el otro en sus conveniencias. Aquí también el bizquear es malicioso, solo que grosero pues es una ofensa.

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