La enfermedad del desgaste, el cambio climático y nuevas herramientas genéticas concentran la atención de científicos que buscan explicar una de las mayores crisis ecológicas registradas en el Pacífico.
Durante más de una década, las costas del océano Pacífico han sido escenario de una de las mortandades masivas de invertebrados marinos más importantes registradas por la ciencia moderna. Diversas especies de estrellas de mar comenzaron a desaparecer rápidamente debido a un fenómeno conocido como Enfermedad del Desgaste de las Estrellas de Mar (Sea Star Wasting Disease, SSWD), un síndrome caracterizado por lesiones, pérdida de tejido, deformaciones y desintegración del cuerpo.
Frente a este escenario, múltiples universidades, agencias gubernamentales y organizaciones científicas han fortalecido redes internacionales de monitoreo para comprender las causas biológicas detrás del fenómeno y determinar por qué algunas especies han logrado recuperarse mientras otras continúan en franco declive.
Un fenómeno que transformó los ecosistemas marinos
El episodio más severo comenzó en 2013 y se extendió a lo largo de la costa occidental de Norteamérica, desde Alaska hasta Baja California. En apenas semanas, millones de estrellas de mar murieron, afectando más de veinte especies distintas.
Entre las más perjudicadas se encuentra la estrella girasol (Pycnopodia helianthoides), considerada un depredador clave dentro de los ecosistemas costeros. Su desaparición provocó un incremento descontrolado de erizos de mar, los cuales consumen grandes extensiones de bosques de kelp, alterando profundamente el equilibrio ecológico.
Redes científicas buscan identificar las causas biológicas
Actualmente, investigadores pertenecientes a programas colaborativos como MARINe (Multi-Agency Rocky Intertidal Network), el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) trabajan de manera coordinada compartiendo datos biológicos, ambientales y genéticos obtenidos durante años de monitoreo.
Los estudios combinan información procedente de:
- Muestreos de ADN ambiental (eDNA).
- Estudios microbiológicos.
- Análisis genómicos.
- Monitoreo satelital de temperatura superficial.
- Observaciones realizadas por científicos y ciudadanos.
El objetivo consiste en determinar cómo interactúan microorganismos, bacterias, condiciones ambientales y factores fisiológicos para desencadenar la enfermedad.
El misterio del agente causante
Durante varios años se creyó que un densovirus era el responsable directo del síndrome. Sin embargo, investigaciones posteriores demostraron que la evidencia disponible no era suficiente para confirmarlo.
En 2025, investigadores del USGS anunciaron avances importantes al identificar una bacteria como el agente responsable de desencadenar el proceso patológico bajo determinadas condiciones ambientales, un descubrimiento que redefine años de investigación. No obstante, los especialistas advierten que la presencia del microorganismo por sí sola no explica todos los brotes registrados, por lo que continúan evaluándose otros factores que aumentan la vulnerabilidad de las estrellas de mar.
El papel del cambio climático
Uno de los elementos más consistentes encontrados por los científicos es la relación entre las altas temperaturas del océano y la aparición de nuevos brotes.
La gran ola de calor marina conocida como «The Blob», registrada entre 2013 y 2016 en el Pacífico, coincidió con el episodio más devastador de mortalidad.
Las temperaturas elevadas generan estrés fisiológico, reducen la disponibilidad de oxígeno y favorecen condiciones que pueden facilitar la proliferación de microorganismos asociados con la enfermedad. Además, la desoxigenación de los océanos representa una amenaza creciente para numerosos organismos marinos.
Tecnología genética para seguir la recuperación
Uno de los avances más recientes corresponde al desarrollo de herramientas basadas en ADN ambiental (eDNA).
Esta técnica permite detectar la presencia de especies mediante pequeñas muestras de agua, sin necesidad de observar directamente a los animales.
NOAA informó recientemente que este método facilitará el seguimiento de la recuperación de la estrella girasol, una de las especies más afectadas, permitiendo identificar poblaciones remanentes y evaluar el éxito de futuros programas de restauración.
La recuperación es desigual
Aunque algunas especies muestran señales de recuperación gracias al reclutamiento de nuevos individuos, los investigadores señalan que la situación dista de estar resuelta.
Un análisis que recopiló información sobre 65 especies concluyó que:
- Algunas poblaciones comenzaron a recuperarse poco tiempo después del brote.
- Otras permanecen en niveles extremadamente bajos.
- Nuevos eventos de calentamiento marino podrían provocar recaídas.
- La recuperación depende tanto de factores ambientales como de las características biológicas propias de cada especie.
Un problema con impacto ecológico
Las estrellas de mar cumplen funciones esenciales dentro de los ecosistemas marinos.
Muchas especies controlan poblaciones de moluscos, erizos y otros invertebrados, evitando que una sola especie domine completamente el ecosistema.
Cuando desaparecen, se producen efectos en cascada que afectan bosques de algas, peces, crustáceos y numerosas formas de vida asociadas.
Por ello, comprender las causas del declive no solo busca conservar a las estrellas de mar, sino proteger el equilibrio ecológico de extensas regiones del Pacífico.
La investigación continúa
Los científicos coinciden en que todavía existen interrogantes importantes sobre la interacción entre bacterias, microbiomas, temperatura, oxígeno y condiciones ambientales.
Las redes internacionales de monitoreo seguirán recopilando datos durante los próximos años para anticipar nuevos brotes, evaluar la recuperación de las especies más vulnerables y desarrollar estrategias de conservación basadas en evidencia científica.
El caso de las estrellas de mar se ha convertido en uno de los ejemplos más relevantes de cómo la cooperación internacional, la biología molecular y el monitoreo ambiental pueden contribuir a comprender fenómenos complejos que afectan la biodiversidad marina.


