La necesidad de almacenar energía renovable durante varias horas se ha convertido en uno de los grandes desafíos de la transición energética europea. La energía solar puede producir grandes cantidades de electricidad durante las horas de mayor radiación, pero esa producción disminuye cuando llega la noche o cuando las condiciones meteorológicas cambian. En este escenario, las sales fundidas se han convertido en una de las tecnologías que más interés despiertan para almacenar energía en forma de calor.
Alemania lleva varios años trabajando en esta área a través del Centro Aeroespacial Alemán (DLR, Deutsches Zentrum für Luft- und Raumfahrt), que desarrolla y prueba tecnologías de almacenamiento térmico y sistemas termosolares con sales fundidas. Uno de los proyectos más importantes se encuentra en la Évora Molten Salt Platform (EMSP), en Portugal, una instalación desarrollada con la Universidad de Évora y socios industriales europeos.
Sin embargo, hay una precisión importante: aunque con frecuencia se habla de estos sistemas como “baterías de sal fundida”, no todos funcionan como una batería eléctrica convencional. En muchos de los proyectos del DLR, la sal funciona principalmente como medio para transportar y almacenar energía térmica, que posteriormente puede utilizarse para producir electricidad. Paralelamente, otros proyectos europeos sí investigan baterías electroquímicas de sales fundidas, como las baterías de sodio-zinc del proyecto SOLSTICE.
¿Qué son las baterías de sal fundida?
Una batería convencional almacena energía mediante reacciones electroquímicas y posteriormente la entrega directamente como electricidad. En cambio, muchos de los sistemas de sales fundidas utilizados en centrales termosolares funcionan de una manera diferente: almacenan energía en forma de calor.
La idea es relativamente sencilla. Un campo solar utiliza espejos para concentrar la radiación del Sol sobre un receptor o sobre tuberías por las que circula un fluido. En los sistemas tradicionales de algunas centrales termosolares, ese fluido puede ser aceite térmico. El problema es que estos aceites tienen límites de temperatura que restringen el rendimiento del proceso.
Las sales fundidas pueden soportar temperaturas considerablemente mayores. El DLR señala que determinados sistemas de sales pueden trabajar alrededor de los 500-565 °C, dependiendo de la composición utilizada. Esto permite transportar el calor producido por la radiación solar concentrada y, posteriormente, almacenarlo en depósitos aislados.
Cuando se necesita producir electricidad, el calor almacenado se utiliza para generar vapor. Ese vapor mueve una turbina conectada a un generador eléctrico.
De esta manera, el sistema no necesita convertir inmediatamente toda la energía solar en electricidad. Puede guardar primero la energía como calor y utilizarla posteriormente.
El proyecto alemán que está llevando las sales fundidas a escala real
Uno de los principales actores de esta investigación es el DLR. Su trabajo no se limita a experimentos de laboratorio: la institución dispone de instalaciones diseñadas para probar las tecnologías en condiciones cercanas a las de una planta industrial.
La Évora Molten Salt Platform, situada en Portugal, es especialmente relevante porque permite estudiar el comportamiento de las sales fundidas directamente dentro de un sistema termosolar de concentración. La instalación cuenta con cuatro colectores parabólicos cuya longitud conjunta alcanza aproximadamente 700 metros y dispone de una potencia térmica de hasta 3,5 megavatios.
La plataforma fue creada precisamente para resolver uno de los problemas fundamentales de la energía termosolar: cómo utilizar temperaturas elevadas sin que el sistema pierda demasiada energía durante el proceso.
En 2021, los investigadores consiguieron fundir y utilizar aproximadamente 90 toneladas de una mezcla ternaria de sales de nitrato de sodio, potasio y calcio (Na-K-Ca-NO₃). Esta mezcla presenta una temperatura de fusión inferior a la de algunas formulaciones convencionales, lo que facilita determinadas operaciones de la instalación.
Posteriormente, después de una fase de optimización y solución de problemas, el DLR informó de más de 5.500 horas de funcionamiento a 500 °C, lo que permitió demostrar la viabilidad del concepto. En una etapa posterior, dentro del proyecto MSOpera, se consiguió demostrar el funcionamiento a 565 °C.
Estos resultados son importantes porque muestran que las sales fundidas pueden utilizarse no solamente como almacenamiento, sino también como fluido de transferencia de calor dentro del propio campo solar.
¿Por qué utilizar sal en lugar de aceite?
El cambio de aceite térmico a sal fundida puede parecer simplemente una sustitución de un fluido por otro, pero tiene consecuencias importantes para el funcionamiento de una central termosolar.
En los sistemas convencionales, el aceite absorbe el calor procedente de la radiación solar concentrada y posteriormente lo transporta hacia otras partes de la instalación. Para almacenar ese calor en sales se necesita un intercambiador de calor, lo que introduce un paso adicional y, por tanto, determinadas pérdidas.
Cuando la propia sal actúa como fluido de transferencia, el calor puede llegar directamente al sistema de almacenamiento.
El DLR explica que el aceite térmico utilizado habitualmente en las centrales de colectores cilindro-parabólicos tiene un límite operativo cercano a los 400 °C, mientras que determinadas sales pueden trabajar a temperaturas considerablemente superiores. Al elevar la temperatura, también puede aumentar la eficiencia del ciclo mediante el cual el calor termina convirtiéndose en electricidad.
Además, el DLR ha señalado que las centrales termosolares con sales fundidas podrían reducir los costes de generación frente a determinados sistemas basados en aceite, aunque el resultado depende del diseño de la planta, los materiales, las condiciones solares y la configuración del almacenamiento.
El gran desafío: mantener la sal en estado líquido
La tecnología tiene una dificultad fundamental: la sal debe permanecer fundida.
Las sales utilizadas en estos sistemas no permanecen líquidas a temperatura ambiente. Dependiendo de su composición, pueden solidificarse cuando la temperatura desciende por debajo de aproximadamente 130-240 °C. Si la sal se solidifica dentro de una tubería, una válvula o un depósito, el sistema puede quedar bloqueado y determinados componentes pueden sufrir daños.
Por esa razón, las instalaciones necesitan sistemas específicos de calentamiento y protección.
Las tuberías que transportan la sal deben mantenerse a temperaturas suficientemente elevadas. En determinadas fases de operación también se utiliza calentamiento eléctrico para evitar que el material se solidifique.
Esto significa que aumentar la temperatura máxima no es el único objetivo de los investigadores. También necesitan encontrar composiciones químicas que tengan un equilibrio adecuado entre:
- Baja temperatura de solidificación.
- Alta estabilidad térmica.
- Capacidad para almacenar grandes cantidades de calor.
- Compatibilidad con tuberías y depósitos.
- Baja corrosividad.
- Costes razonables.
- Disponibilidad de las materias primas.
La corrosión, otro problema que todavía debe resolverse
Las altas temperaturas y la naturaleza química de las sales también generan problemas de corrosión.
Los materiales utilizados en una central convencional no necesariamente funcionan durante largos periodos de tiempo cuando están expuestos a sales fundidas a cientos de grados Celsius.
Por ello, una parte importante de la investigación alemana se concentra en desarrollar materiales, recubrimientos y componentes capaces de resistir estas condiciones.
El DLR mantiene actualmente líneas de investigación destinadas a ampliar el rango de temperaturas de estos sistemas hasta aproximadamente 700 °C, al mismo tiempo que estudia la compatibilidad de los materiales y la estabilidad de diferentes sales.
Otro proyecto del DLR, denominado SAKONI, estudia precisamente cuestiones relacionadas con la corrosión y el comportamiento de sales de nitrato utilizadas como medios de transferencia y almacenamiento térmico. El proyecto está previsto para desarrollarse hasta finales de 2026.
Esto demuestra que la tecnología ha avanzado considerablemente, pero todavía existe investigación activa para mejorar su funcionamiento a temperaturas superiores.
TESIS: Alemania también investiga el almacenamiento de calor a gran escala
La investigación no se limita a Portugal.
En Colonia, Alemania, el DLR opera TESIS, una instalación de investigación destinada específicamente al almacenamiento de calor mediante sales fundidas. La institución la describe como la primera instalación de investigación de Alemania dedicada al almacenamiento con sales fundidas a una escala significativa.
El objetivo de TESIS es alejarse de las pruebas exclusivamente de laboratorio y analizar tecnologías en condiciones más cercanas a las de una aplicación industrial.
Uno de los sistemas investigados es TESIS:store, que estudia un concepto de almacenamiento de alta temperatura basado en un único depósito. El sistema puede utilizar sal fundida y materiales sólidos para almacenar el calor, buscando reducir la cantidad de sal necesaria y, con ello, disminuir los costes de construcción.
Según el DLR, la instalación de prueba de TESIS:store puede trabajar con aproximadamente 85 toneladas de sal fundida y una capacidad de almacenamiento de 4 MWh.
La investigación de estos sistemas resulta especialmente relevante porque el coste del almacenamiento es uno de los factores que determinarán hasta qué punto la energía termosolar puede competir con otras tecnologías renovables.
No todas las “baterías de sal fundida” son iguales
Aquí aparece una diferencia importante que suele perderse cuando se utiliza el término de forma general.
Por un lado están los sistemas de almacenamiento térmico con sales fundidas, como los investigados por el DLR para centrales termosolares. En ellos, la energía se almacena principalmente como calor.
Por otro lado están las baterías electroquímicas de sales fundidas, que sí almacenan y liberan energía eléctrica mediante reacciones electroquímicas.
Europa también ha investigado esta segunda categoría. Un ejemplo es SOLSTICE, proyecto financiado por la Unión Europea y coordinado por el Helmholtz-Zentrum Dresden-Rossendorf (HZDR), en Alemania.
SOLSTICE desarrolló dos conceptos de baterías de sodio-zinc que funcionan a temperaturas elevadas. Una de las propuestas utiliza un electrolito sólido, mientras que otra estudia una batería completamente líquida. El objetivo es conseguir una tecnología estacionaria utilizando materiales relativamente abundantes, como el sodio y el zinc.
El proyecto europeo terminó oficialmente el 30 de junio de 2025, después de cuatro años de trabajo. Sus resultados incluyeron estudios sobre materiales, eficiencia, vida útil, costes, reciclaje y comportamiento electroquímico.
Por tanto, hablar de “baterías de sal fundida” puede referirse a tecnologías diferentes. La investigación alemana abarca ambos caminos: almacenamiento térmico para energía solar concentrada y baterías electroquímicas de alta temperatura.
¿Qué significa todo esto para las centrales termosolares?
La principal ventaja del almacenamiento térmico es que permite separar el momento en que se recoge la energía solar del momento en que se utiliza.
Una central termosolar puede concentrar la radiación solar durante el día, convertirla en calor y almacenar parte de ese calor en depósitos de sales fundidas. Posteriormente, cuando disminuye la radiación solar, el calor almacenado puede utilizarse para generar vapor y electricidad.
El DLR explica que determinados sistemas de almacenamiento pueden conservar la energía térmica durante varias horas; en el caso de la plataforma de Évora, el concepto contempla almacenamiento de hasta aproximadamente 12 horas.
Esto convierte a la termosolar en una tecnología diferente de una instalación fotovoltaica convencional acompañada de una batería eléctrica. En lugar de producir electricidad y después almacenarla en una batería, la central termosolar puede almacenar directamente el calor antes de transformarlo en electricidad.
La diferencia puede ser especialmente interesante cuando se necesita entregar electricidad después de la puesta del Sol.
Europa busca almacenamiento para una red eléctrica cada vez más renovable
El interés por estas tecnologías está relacionado con un problema mayor: a medida que aumentan las fuentes renovables variables, también aumenta la necesidad de disponer de sistemas capaces de equilibrar la producción y el consumo.
La energía solar y la eólica no producen necesariamente electricidad en el momento en que la demanda es más alta. Por ello, Europa necesita distintas tecnologías de almacenamiento para diferentes escalas de tiempo.
La investigación de sales fundidas ocupa un espacio particular porque puede combinar generación solar, almacenamiento térmico y producción eléctrica gestionable.
La asociación Helmholtz, que agrupa a varios centros de investigación alemanes, destaca precisamente el papel que pueden desempeñar los sistemas de almacenamiento térmico de alta temperatura para aprovechar energía renovable y calor industrial, incluyendo el uso de sales fundidas como amortiguador de la energía solar concentrada.
Un avance importante, pero todavía no una tecnología sin desafíos
Los resultados obtenidos por los investigadores alemanes muestran que las sales fundidas ya pueden utilizarse en instalaciones de investigación a una escala considerable y a temperaturas de cientos de grados Celsius.
La plataforma de Évora ha demostrado más de 5.500 horas de operación a 500 °C y posteriormente alcanzó los 565 °C dentro del proyecto MSOpera. Al mismo tiempo, instalaciones como TESIS continúan investigando nuevas configuraciones de almacenamiento y materiales.
Sin embargo, sería incorrecto interpretar estos resultados como la solución definitiva al almacenamiento energético. La tecnología todavía enfrenta problemas relacionados con la solidificación, la corrosión, los materiales, los costes y la operación segura de sistemas que trabajan a temperaturas muy elevadas. El propio DLR identifica estos aspectos como algunos de los principales desafíos para ampliar el uso de las sales fundidas.
Además, no existe evidencia en las fuentes oficiales consultadas de un anuncio de 2026 que describa exactamente una “batería de sal fundida” alemana que haya completado recientemente todas sus pruebas en una central termosolar, tal como plantea el enunciado original. Lo que sí está documentado es una serie de pruebas y demostraciones exitosas del DLR, incluida la operación prolongada a 500 °C y la demostración a 565 °C, junto con investigaciones que continúan durante 2026.
Esta distinción es importante para entender correctamente el avance.
El siguiente paso: temperaturas más altas y sistemas más económicos
El futuro de esta tecnología pasa por conseguir que las sales puedan trabajar de manera estable a temperaturas cada vez mayores y, al mismo tiempo, reducir el coste de los componentes.
El DLR está investigando sistemas que puedan alcanzar temperaturas de hasta 700 °C, lo que abriría la posibilidad de mejorar todavía más la eficiencia de determinados ciclos térmicos y ampliar el uso de estas tecnologías más allá de la generación eléctrica, incluyendo procesos industriales que necesitan grandes cantidades de calor.
También se estudian diseños que reduzcan la cantidad de sal necesaria. Los sistemas de almacenamiento de un solo tanque y el uso de materiales sólidos como parte del medio de almacenamiento podrían reducir los costes de inversión frente a configuraciones que dependen exclusivamente de grandes volúmenes de sal.
El objetivo final no es simplemente desarrollar una nueva forma de almacenar energía, sino conseguir que una central termosolar pueda capturar el calor solar, almacenarlo durante horas y convertirlo en electricidad cuando realmente sea necesario, con menos pérdidas y costes competitivos.
Un campo tecnológico que todavía está evolucionando
Las sales fundidas representan una de las líneas de investigación más interesantes dentro del almacenamiento energético de larga duración. Los proyectos alemanes y europeos muestran que el concepto ya ha superado algunas de las primeras etapas experimentales, pero también que quedan desafíos técnicos antes de que pueda generalizarse en nuevas centrales.
Más que una única “batería de sal”, lo que está surgiendo es un conjunto de tecnologías capaces de utilizar sales líquidas a alta temperatura de diferentes maneras: como medio de almacenamiento térmico, fluido de transferencia de calor o electrolito en baterías electroquímicas.
En el caso de la energía termosolar, el atractivo es especialmente claro: la misma sustancia puede ayudar a capturar, transportar y almacenar el calor procedente del Sol, permitiendo que una central continúe produciendo energía incluso cuando la radiación solar ya ha disminuido.
Por eso, las investigaciones del DLR en Alemania y Portugal, junto con proyectos europeos como SOLSTICE, forman parte de una búsqueda más amplia para resolver uno de los grandes retos de las energías renovables: no solo producir energía limpia, sino conseguir almacenarla de forma eficiente y utilizarla en el momento en que sea necesaria.



