Barranquilla tiene todos los argumentos para convertirse en sede de la Fórmula 1 y la IndyCar
La capital del Atlántico ha construido en la última década un historial de organización de eventos masivos que la coloca en una posición privilegiada frente a otras ciudades latinoamericanas. El Estadio Metropolitano remodelado con capacidad para 65,000 personas albergará la final única de la Copa Sudamericana en noviembre de 2026, el Carnaval de Barranquilla es patrimonio de la humanidad que convoca millones de personas con logística impecable, Shakira realizó dos shows simultáneos con 100,000 asistentes, y la Selección Colombia ha convertido al Metropolitano en su fortín más importante de las eliminatorias. Una ciudad que puede manejar esos volúmenes de personas y ese nivel de exigencia internacional tiene los músculos organizativos que la FIA exige para otorgar una carrera.
El argumento más poderoso de Barranquilla frente a otras ciudades candidatas es el trazado que ya está siendo diseñado: un circuito semiurbano que pasa por la Loma, la Aleta del Tiburón y el futuro Movistar Arena, aprovechando la transformación urbana que la ciudad ha vivido en años recientes y que dejó a los delegados técnicos de la F1 sorprendidos en su última visita. Además, la ubicación geográfica de Barranquilla en el Caribe la convierte en un punto logístico estratégico para un calendario que busca diversificarse en América Latina más allá de Brasil y México. Con Juan Pablo Montoya como embajador, Char como impulsor político y un contrato planteado por diez años que garantiza estabilidad financiera a largo plazo, Barranquilla tiene hoy los argumentos más sólidos que ha tenido Colombia en su historia para finalmente lograr que suenen motores de primer nivel en sus calles.



