En la hermosa vereda Tescual ubicada en el corregimiento de Morasurco en xona rural de Pasto, la Escuela de Danza Balconcito de Oro nació hace tres años como un sueño comunitario orientado a fortalecer la unión, la cultura y la esperanza en el territorio. Lo que comenzó como una iniciativa local se ha convertido en un proceso artístico y social que hoy reúne a niños, niñas, jóvenes y familias alrededor de la danza como herramienta de transformación.
Desde sus primeros pasos, este proyecto entendió que el arte podía convertirse en un puente para reconstruir el tejido social, promoviendo espacios de encuentro donde la disciplina, el respeto y el trabajo en equipo se consolidan como valores fundamentales. En cada ensayo, presentación y proceso formativo, la escuela ha contribuido a fortalecer la identidad cultural de sus participantes.
Tejido social
Durante estos tres años, Balconcito de Oro ha evolucionado más allá de una escuela de danza, convirtiéndose en un espacio de formación integral y convivencia comunitaria. Allí, la danza no solo se enseña como expresión artística, sino también como una forma de vida que fomenta la participación, el sentido de pertenencia y el desarrollo personal.
En el marco de su aniversario, la escuela celebró una emotiva eucaristía de acción de gracias en el municipio de Pasto, donde la comunidad se reunió para agradecer los logros alcanzados y el acompañamiento de las familias. Este acto estuvo cargado de espiritualidad, gratitud y esperanza, reconociendo el valor del proceso construido durante estos años.
Identidad cultural
Uno de los momentos más significativos fue la presentación oficial del distintivo institucional: las chaquetas de la escuela. Este símbolo representa la identidad, la unión y el esfuerzo colectivo de quienes han hecho parte de Balconcito de Oro, reflejando el compromiso con un proceso que sigue creciendo con disciplina y amor por la cultura. Hoy, la Escuela de Danza Balconcito de Oro en Pasto celebra tres años de vida artística y comunitaria, reafirmando su compromiso de seguir trabajando por la cultura, la niñez, la juventud y la reconstrucción del tejido social. Su historia demuestra que la danza no solo se baila, también se vive como una herramienta de transformación y esperanza para toda la comunidad.




