En mayo de 1999, dos ciudadanos italianos iniciaron una navegación transoceánica utilizando autos flotantes adaptados de forma artesanal. La expedición partió desde las Islas Canarias con destino al Caribe. El proyecto respondió al plan original ideado por el activista Giorgio Amoretti.
Modificación técnica de los autos flotantes
Los responsables del proyecto acondicionaron dos vehículos de segunda mano. Añadieron quillas metálicas, mástiles y sistemas de comunicación satelital. Inyectaron espuma de poliuretano en la carrocería para garantizar la flotabilidad.
Cuatro integrantes impulsaron la salida desde el Faro de Fuencaliente. Sin embargo, las corrientes desfavorables obligaron a retirar a dos participantes. Un helicóptero evacuó a los tripulantes afectados por el agotamiento.
Marco Amoretti y Marco De Candia mantuvieron la navegación en solitario. Ambos enfrentaron fallas técnicas severas durante el recorrido por alta mar. El teléfono satelital perdió funcionamiento tras la inundación de su batería solar.
La interrupción de las comunicaciones generó alarma pública en Italia. Durante seis semanas, los familiares desconocieron la ubicación de la tripulación. En ese intervalo ocurrió el fallecimiento del ideólogo del proyecto.
Desafíos en alta mar con vehículos marítimos
Los navegantes repararon el equipo técnico mediante la reconexión de paneles solares. Aproximadamente a cuatro meses de haber zarpado, alcanzaron la cercanía del Caribe. Las autoridades de Martinica advirtieron sobre el riesgo de tormentas tropicales.
Pese a los avisos oficiales, la tripulación rechazó la evacuación preventiva. El temporal afectó las estructuras externas de las embarcaciones improvisadas. No obstante, la modificación del chasis sostuvo la flotabilidad de los automóviles.
El 31 de agosto de 1999, los expedicionarios arribaron a la costa de Tartane. Completaron un registro de 119 días de navegación ininterrumpida en el océano. Autoridades locales y medios de comunicación presenciaron el desembarco de los jóvenes.
Los protagonistas abandonaron las unidades mecánicas en la isla caribeña. Posteriormente, retornaron a Europa sin concretar el trayecto final hacia Nueva York. El suceso permanece como un antecedente documentado de navegación atlántica no convencional.
Expertos marítimos han analizado la efectividad de las adaptaciones realizadas. El uso de materiales expansivos permitió contrarrestar el peso de la maquinaria. Los diarios de viaje documentan los procedimientos de supervivencia implementados en la travesía.


