¡Aunque todo cambien, conservemos nuestra fé!

NILSA PANTOJA

La política debería sentirse como el verdadero acto de servir al pueblo: con amor, con entrega, pero sobre todo con honestidad. Lamentablemente, de eso queda poco en la función pública y en las carreras políticas de algunos gobernantes. Hoy en día, muchos buscan llegar al poder para abusar de las administraciones municipales, departamentales y/o nacionales, convirtiendo estas instituciones en fortines políticos para emplear amigos y hacer negocios con lo público.

Hoy son pocos los gobernantes que realmente le están cumpliendo al pueblo. Muchos no logran ejecutar lo que prometieron: unos por desconocimiento de las normas, otros por falta de gestión y algunos porque simplemente el cargo les quedó grande. Prueba de ello son los bajos indicadores de ejecución en los Planes de Desarrollo; es ahí donde a los gobernantes se les acaban los discursos y quedan en evidencia ante la sociedad pues realmente las obras son escasas, la salud, la educación y la seguridad etc., Se han deteriorado.

Ante esta situación, el pueblo busca nuevas figuras: personas respetuosas de las instituciones, honestas y, sobre todo, con corazones sensibles que comprendan las necesidades de la comunidad. Pero no basta con entenderlas; también deben impulsar acciones concretas que permitan resolver las problemáticas de la gente. Ojalá lleguen tiempos mejores, con gobernantes que realmente sean la voz de quienes no pueden defenderse y representen con dignidad a quienes confiamos en ellos al otorgarles nuestro voto.

La sociedad avanza a pasos agigantados, y con ella también cambia la forma de hacer política. Por ello, los líderes y lideresas debemos reinventarnos para estar más cerca de la gente y menos del poder, que muchas veces hace perder la razón e incluso los principios.

Entre los ires y venires, el tiempo pasa. Y aunque la sociedad cambie, la política evolucione y surjan nuevas tendencias, nunca debemos dejar de lado la fe, el amor y el respeto hacia Dios. De lo contrario, el deterioro social podría ser tan profundo que ni siquiera habría una sociedad que gobernar. Por eso, estamos llamados a sembrar amor y fe en nuestros niños y, como adultos, debemos actuar con humildad, mantenernos en la creencia de Dios, buscar el buen consejo y tratar de hacer siempre lo correcto, esto en aras de construir una mejor sociedad de la mano de Dios, haciendo política cercana al pueblo.

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