Por: Chucho Martínez
Como quisiéramos que todos los problemas del mundo se resolvieran de un plumazo. Como quisiéramos que con un clic se acabaran las guerras y las desigualdades que originan las violencias. Como quisiéramos que Petro tuviera la varita mágica de Harry Potter para que, a la velocidad de un rayo, además de cumplir con sus promesas atendiera los acuciantes y heredados problemas del país y de Nariño. Pero la realidad es tozuda, nos enseña que cambiarla no es tarea fácil, ni siquiera con los conjuros mágicos de las brujas de Sapuyes, porque hay problemas estructurales que jamás se podrán resolver dentro del sistema capitalista, como la contradicción entre el capital y el trabajo, en donde el primero siempre lleva las de ganar y el segundo las de perder. Mucho más difícil es resolver los problemas de Colombia, en donde coexisten distintos tipos de modos de producción, como rezagos precapitalistas de medianía y peonazgo en el campo, pasando por la industria nacional moderada, por formas postcapitalista como el capital financiero, hasta llegar a asomos de la cuarta revolución industrial ( inteligencia artificial) todas ligadas al capital extranjero que forma parte de la estructura económica.
Nuestro capitalismo es sui generis, nada parecido al de otros países, porque está marcado por formas dispersas en la producción artesanal y campesina hasta las más organizadas y concentradas como los oligopolios y, sobre todo, por la presencia de la guerra, el narcotráfico, la corrupción, la desigualdad, el centralismo y la politiquería como subculturas prevalentes que se han convertido en referentes imprescindibles del accionar nacional. Este mestizaje económico, político y cultural de un capitalismo deformado, dificulta la voluntad de cambio porque obliga a diseñar políticas para cada sector arriba mencionado, sin tener claras sus delimitaciones. Capítulo aparte tiene la sociedad como fuerza motriz de la historia que se va acomodando a los vaivenes del momento, que ha pasado de acciones explosivas a largos letargos de acomodamiento y espera, como ocurre ahora en el gobierno de Petro.
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En ese contexto, es difícil que Nariño pueda sobresalir rompiendo indicadores que parecen barreras infranqueables como la escasa participación en el PIB nacional, tarea que debería unificarnos a todos los nariñenses para que los vientos del Sur se vuelvan huracanes. Pero veo que nos falta atufarnos más en esa dirección.

