Por: Jhorman Montezuma
En cada edición de nuestras fiestas, se repite una escena que duele y genera indignación. Mientras los verdaderos protagonistas del Carnaval los artesanos, artistas y danzantes luchan contra la precariedad, otros personajes reciben atenciones dignas de alfombra roja. La pregunta es inevitable: ¿en qué momento se invirtieron las prioridades?
Los artesanos, quienes dedican meses de trabajo, creatividad y sacrificio para darle vida a las carrozas y comparsas, terminaron recibiendo carpas dañadas, espacios improvisados y retrasos injustificables en los abonos prometidos. Trabajan bajo el sol y la lluvia, con recursos limitados, sosteniendo con esfuerzo una tradición que identifica a Pasto ante el país y el mundo.
En contraste, para algunos llamados “influencers” hubo el mejor hotel, la mejor bebida y un trato preferencial que raya en el exceso. Personajes traídos más para la foto que para aportar contenido real, que terminaron invitando a prostíbulos en la capital nariñense y haciendo preguntas de cultura general que solo provocaron vergüenza ajena.
Resulta incomprensible que se destinen recursos públicos para figuras que apenas alcanzan mil visualizaciones y cuya contribución a la promoción cultural es, por decir lo menos, cuestionable. ¿Ese es el impacto que se busca para una fiesta que se precia de ser patrimonio cultural?
La Alcaldía de Pasto y Corpocarnaval tienen una deuda pendiente con quienes sostienen el Carnaval desde los talleres, desde la madera, el cartón, la pintura y la tradición oral. No se puede seguir romantizando el sacrificio del artesano mientras se despilfarra en personajes que poco o nada entienden de nuestra cultura.
Es urgente evaluar qué papel juegan estos “invitados especiales” en cada evento. No todo el que tiene seguidores merece ser tratado como rey. La visibilidad sin contenido no construye identidad ni fortalece nuestras fiestas.
El Carnaval de Pasto no necesita ridiculizarse para ganar atención. Necesita inversión real, respeto y dignidad para sus artistas y artesanos. Corpocarnaval debe replantear sus decisiones y apostar por quienes hacen del Carnaval una obra viva, no por quienes solo vienen a consumir y marcharse.
Invertir en nuestros creadores es invertir en la fiesta de verdad. Lo demás es ruido, espectáculo vacío y una falta de respeto a la esencia cultural que tanto defendemos.


