Artesanos de Pasto tallan identidad y fe para enamorar al turista

En las calles de Pasto, entre el ir y venir de locales y visitantes, persiste una tradición que mezcla arte, espiritualidad y memoria ancestral. Se trata de la talla en madera, un oficio que ha sido transmitido de generación en generación y que hoy encuentra en el turismo una oportunidad para mantenerse vivo, conquistar miradas y “endulzar” el corazón de quienes llegan a la capital nariñense.

Los artesanos no solo elaboran figuras decorativas: sus manos dan forma a piezas religiosas cargadas de simbolismo, como vírgenes, santos, cruces y escenas tradicionales que evocan la fe profundamente arraigada en la región. Cada objeto cuenta una historia y representa una conexión entre lo ancestral y lo espiritual, convirtiéndose en un recuerdo significativo para quienes buscan llevarse algo más que un simple recuerdo.

Habilidad técnica

Entre estos guardianes de la tradición se encuentra Leandro Argoty, un artesano que ha dedicado su vida a este oficio y que hoy representa el alma de la artesanía pastusa. Su trabajo no solo refleja habilidad técnica, sino también una intención clara: transmitir identidad y generar una experiencia emocional en quienes adquieren sus piezas.

“La gente no solo compra una figura, se lleva un pedazo de nuestra cultura y de nuestra fe”, expresa Argoty, quien desde niño aprendió a tallar la madera y a recorrer las calles vendiendo sus creaciones. Con el paso de los años, su oficio se ha transformado en una forma de conectar con turistas que valoran lo auténtico.

Legado que trasciende

Para Argoty, la talla en madera es más que un medio de sustento: es un legado familiar. Desde temprana edad entendió que cada pieza tenía un propósito, no solo estético, sino también espiritual. Sus obras, muchas de ellas de carácter religioso, buscan transmitir tranquilidad, protección y arraigo cultural.

“Los turistas se sienten atraídos por lo artesanal, por lo hecho a mano. Muchos se emocionan al conocer el significado de cada figura”, comenta. Es precisamente esa carga simbólica la que convierte sus creaciones en objetos que “endulzan” la experiencia del visitante, dejando una huella emocional que va más allá de la compra. Sin embargo, detrás de cada pieza hay también una realidad compleja. Las ventas dependen en gran medida del flujo turístico, lo que genera días de abundancia y otros de incertidumbre. “Hay momentos en los que se vende bien, sobre todo cuando llegan turistas, pero también hay días difíciles”, reconoce.

Facebook
Twitter
LinkedIn
Pinterest