Los Pastos, los primitivos habitantes de Ipiales y la exprovincia de Obando, no eran un imperio; tampoco fueron parte nunca del gran Imperio Inca, a pesar de todos sus esfuerzos por subyugarlos. Formaban un sistema productivo reproductivo central, entre aquellos y las culturas del norte. En ese sistema la forma de Estado tenía un cierto carácter monárquico, parecido en este aspecto a la forma Inca, aunque nunca en su magnitud ni alcance. El término Marxista de un Estado “despótico”, no se aplica, entonces en toda su magnitud. En el mismo sentido se ubica la categoría propiedad de la tierra.
Parece ser que en la época prehispánica para la propiedad de la tierra este régimen de tenencia no tuvo las connotaciones de los Incas; la relación trabajo – propiedad fue menos caracterizada que en ellos. Se puede afirmar que tal vez lo dominante era una comunidad de aldea con lo cual la propiedad privada de la tierra no es tan clara como ya se daba entre los Incas (como lo era también entre los Aztecas), pareciéndose más a las características de los Mayas. Pero las diferencias se establecen a través de la característica del Estado despótico.
«La forma productiva de los Pastos prehispánicos contiene en sí misma un elemento positivo fundamental, constituido por la posesión de la tierra como bien natural comunitario».
Entre los Pastos no hay poder despótico absoluto que imponga una especie de esclavitud o al menos de servidumbre generalizada, para llevar a cabo una serie de iniciativas públicas con miras a mejorar la situación colectiva. Por eso en estas tierras no hay vestigios de enormes fortificaciones, grandes redes de caminos, acueductos, obras de irrigación, etc. Esto constituye de por sí un elemento que asegura que a los Pastos no se puede aplicar el modo de producción asiático en toda su dimensión.
El nexo con este modo de producción está, en primer lugar, en la comunidad de aldea, entendiendo que en ella la propiedad significa pertenecer a una tribu, entidad comunitaria, al decir Marx, quien al respecto afirma que “Propiedad no significa entonces originariamente sino el comportamiento del hombre con sus condiciones naturales de producción con condiciones pertenecientes a él”.
En este contexto, la forma productiva de los Pastos prehispánicos contiene en sí misma un elemento positivo fundamental, constituido por la posesión de la tierra como bien natural comunitario.
En esa comunidad de aldea, sin embargo, existe un fuerte nexo con el comunalismo primitivo, porque la posesión por parte del individuo, aun existiendo, no es la predominante y las dos formas no constituyen en sí el modo de producción asiático. Pero hay que tener en cuenta la relación productiva combinada, manufactura, hortícola, artesanal y comercial.
En este sentido, la comunidad de los Pastos se aparta totalmente no solo del modo de producción asiático sino también del modo incásico. Se establece así una forma productiva independiente agrícola, con relaciones sociales semi – mercantiles. Hay que resaltar al respecto que “entre los antiguos, la manufactura aparece como una decadencia (ocupación de los libertini (libertos), clientes, extranjeros), etc. Este desarrollo del trabajo productivo separado de la subordinación pura a la agricultura como trabajo doméstico de gente libre, manufactura destinada sólo a la agricultura y a la guerra o para el servicio divino y manufactura utilizada por la entidad comunitaria.
Con base en todo lo anterior y tratando de sintetizar acerca del “modo productivo pasto”, se pueden destacar los siguientes elementos: horticultura intensiva, con avances hacia la agricultura; caza, pesca y ganadería; recolección, manufacturas, modo inicial mercantil simple ampliado como incremental, formación de un “mercado” interno interétnico, con predomino de los mindalas, el origen del carácter del comercio del Ipiales de hoy.
Por: Guillermo Narváez.




