El siempre recordado gran colombiano, el humorista Jaime Garzón, decía que el país nunca va a cambiar si seguimos sin comprender nuestra identidad. Aseguraba que nosotros no pensamos en nuestras raíces, no las apropiamos, y por eso es que el país va como va. Palabras de hace más de 20 años, las cuales, aún están más vivas que siempre.
Y a este concepto tan claro le metía el humor para que cale en todos los niveles. Él exponía que los colombianos ricos se creen ingleses; los intelectuales, franceses; la clase media, estadounidense y los pobres se asumen como mexicanos. Y vaya y vea, y es tal cual… Escucho en los jóvenes, en especial, el güey o el no manches o el qué onda. Si usted los utiliza, quiere ser mexicano. Ojalá nuestra sociedad pretenda ser francesa, según Garzón.
Ahora bien, para no quedarnos en lo superficial, hay un problema grave cuando una sociedad carece de identidad, porque sencillamente considero que se vuelve más individualista y no protege o no siente como propio lo estatal, lo cual lleva a truncar un posible desarrollo en conjunto. Como eso no es mío, yo boto basura en la calle, que la recoja EMAS.
Soy un convencido de lo siguiente, cuando una sociedad comprende y reconoce su identidad, la conduce a cuidar lo propio, por ende, genera un comportamiento ciudadano adecuado en pro de mostrar su territorio (cuando usted tiene su casa limpia, quiere que lo visiten), y cuando se quiere dar a conocer, pues aumentan los turistas, quienes llegan a aportar en la economía local.
Pero esto se da cuando se comprende en conjunto. Empecemos por evitar lo que se presenta algunas veces, como el hablar mal nosotros mismos de nuestra región. Quienes tienen la posibilidad de salir a hacerse una cirugía en Cali, Bogotá o Medellín, está bien, háganlo, lo que está mal es que además pronuncian por fuera que los médicos en Pasto son pésimos.
No generalicemos, hoy en Nariño todo se consigue de forma eficiente. Cualquier consultoría no la necesita traer de otro lado para que sea buena.

