Por: Jaime Leal Afanador
Detrás de la majestuosidad de sus estadios, del despliegue de recursos, de la difusión mediática y de ser el único escenario del mundo que congrega, sin diferencias ni rencillas políticas, a representantes de todas las naciones, los Juegos Olímpicos constituyen un optimista mensaje para la convivencia humana y un catálogo de buenos ejemplos para todos, incluso los no deportistas.
En torno de las justas deportivas, los Olímpicos nos enseñan 10 principios o reflexiones para tener en cuenta en nuestra vida diaria, familiar, laboral y, en general, en las relaciones con los demás.
- Los sueños son posibles de lograr. No importa la edad o cualquier otra condición, siempre que haya convicción y disciplina.
- Los triunfos se trabajan. No son regalados. Detrás de cada medalla hay años de dedicación y constancia, incluso de sufrimientos y lágrimas.
- Así como el deporte reúne; la paz, la armonía y la fraternidad son propósitos que también nos deben integrar más allá de las diferencias.
- Una competencia se gana desde el primer segundo y se puede perder en el último. La constancia en el propósito y la atención a los detalles son determinantes en cualquier meta u objetivo en la vida.
- No hay competidor pequeño. Más que en los rivales, las debilidades están en nosotros. Así como podemos aportar algo, de todos los demás siempre aprendemos algo.
- El respeto por las reglas del juego permiten comprender que siempre hay mecanismos universales para debatir, discutir y competir con altura y argumento.
- Más allá de un país o de una disciplina, todos los competidores son personas, con sueños, fortalezas y debilidades. En el juego de la vida, la humanidad nos iguala a todos, porque en lo personal, nadie es más o menos que otro.
- Gran parte del triunfo y las satisfacciones de la vida está en definir un objetivo, en prepararse para alcanzarlo y en competir. Los triunfos y las medallas son emotivas y satisfactorias, pero terminan siendo un medio, no un fin.
- Las marcas, los logros y las metas alcanzadas por otros en algún momento de la vida, pueden ser superadas. El espíritu y la mente humana es mucho más grande y depara más sorpresas de lo que creemos.
- Los Juegos Olímpicos nos unen como habitantes del planeta. No nos separan. Nos enseñan que cualquiera puede llegar a hacer parte de nuestra familia, porque nos identificamos en querer ser mejores, saltar más alto e ir más lejos.
En torno de la competencia, descubrimos que anhelamos ser, hacer y tener más. La disciplina es el camino, la competencia nos hace esforzar, el rigor nos hace mejores y la solidaridad y compañerismo son algunas de los principales trofeos.

