Existe un país que en el relieve se esconde por pena, mientras los aplausos infames de compañeros de dádivas de quienes dan órdenes macabras, retumban en las esquinas manchadas de rojo, salpicando al suroccidente, donde está un Departamento que podría ser terreno fértil y hogar acogedor, pero en cambio, es bodega olvidada, que cierta gente hostil habita expectante para convertir lo bueno en carroña y devorarle.
Parece que todos los thrillers, los libros negros, los ocultos, son tímidos frente a la historia de Nariño, donde por años, se han creado listas extensas de tristezas y pululan manos heridas que siembran la tierra; corazones arrugados por las pérdidas; ojos al borde del llanto que secan las telas sucias del tiempo. Sueños colgados en la puerta de casas sin habitantes. Cuerpos maltrechos de mujeres que nunca volvieron a casa.
Tantas anécdotas inenarrables, se aferran a cualquier esperanza y gritan «¡El bien germina ya!»
Esta no es una nota poética, ni una excavación personal. Es un anzuelo sin carnada, que pretende incitar al náufrago que nada en mares neutrales.
Es canto de sirena que dice:
-No seas impulso infame de confundir el erario en el bolsillo; ni te inclines por el tendencioso ego.
¡Ay del “compro votos” –“vendo temporada en vilo”!
¡Ay del tiempo que se aleja mientras nadas sin rumbo! Y las olas se preguntan: ¿Qué será del niño, del anciano, de la mujer, del habitante de calle, del desprotegido; del pobre y del extranjero?
Escucha la melodía y nada hacia el bien. Que la mano que saluda a tu prójimo, no trace como sentencia, la X sobre el rostro impostor.
El papel aguanta todo y las palabras cuando prometen lucen muy seductoras, especialmente cuando el estómago está vacío;pero, la historia es clara. Por eso, lector(a): ¡que la idea de aferrarnos al confort, no nos arrebate la libertad oficial de voto, voz y pensamiento este 29!

