En el mundo de la música, hay instrumentos que poseen un alma propia, capaces de transmitir emociones con solo unas cuantas notas. Para Andrés Inagán, joven requintista, compositor y productor musical de Pasto, el requinto no es solo un instrumento, sino un lenguaje, un puente entre la tradición y la innovación que le ha abierto múltiples caminos en su carrera.
Desde pequeño, la música estuvo presente en su vida gracias a la influencia de sus padres. «Crecí escuchando música ecuatoriana, folklórica y popular. Fue eso lo que me llevó a enamorarme del requinto», cuenta con entusiasmo. Actualmente, además de ser estudiante de Licenciatura en Música en la Universidad de Nariño, es productor, arreglista y dueño de un estudio de grabación, donde su talento ha encontrado nuevas formas de expresión.
El desafío de innovar sin perder la esencia
Uno de los mayores retos para cualquier músico es encontrar un balance entre la tradición y la modernidad. Inagán lo tiene claro: «Siempre trato de respetar la esencia de las canciones. No se trata de cambiar por cambiar, sino de aportar algo nuevo sin perder la identidad del género». Su proyecto Esencia Trío es un reflejo de esta filosofía, en el que reinterpreta canciones con su estilo, sin desvirtuar la raíz musical de cada una.
Las presentaciones que marcan el alma
A lo largo de su trayectoria, Inagán ha llevado su música a diferentes escenarios en Colombia. Sin embargo, hay algo especial en tocar en casa. «Las presentaciones en Pasto son las más significativas para mí. Es mi tierra, mi gente, donde me conocen y apoyan. Eso siempre tendrá un valor especial, sin importar en qué otros lugares hayan tocado».
Un mensaje para las nuevas generaciones
A pesar de su corta edad 23 años Andrés Inagán tiene un consejo claro para quienes sueñan con hacer de la música su vida: la constancia. «Siempre les digo a los más jóvenes que no se frustren, que sigan ensayando todos los días y, sobre todo, que disfruten del instrumento. La música no es un pasatiempo, es una profesión que tarde o temprano recompensa el esfuerzo».
Hoy, Andrés Inagán sigue forjando su camino con el requinto como su voz y esencia. Con cada nota, reafirma que la música es más que sonido: es identidad, pasión y, sobre todo, un legado que trasciendegeneraciones.

