Del PET a un análisis de sangre: Australia impulsa una detección más accesible del alzhéimer

Australia ha dado un nuevo paso en la búsqueda de métodos más rápidos y menos invasivos para identificar la enfermedad de Alzheimer. Las autoridades sanitarias australianas autorizaron el suministro del análisis sanguíneo basado en el biomarcador pTau217, una herramienta que inicialmente será utilizada en ensayos clínicos y estudios de investigación y que podría transformar la manera en que se confirma la presencia de la enfermedad.

El avance ha despertado especial interés porque los biomarcadores relacionados con el Alzheimer pueden comenzar a aparecer en el organismo muchos años antes de que el deterioro cognitivo sea evidente. Sin embargo, existe una diferencia importante entre detectar cambios biológicos tempranos y disponer de una prueba capaz de diagnosticar Alzheimer en personas completamente sanas décadas antes de los síntomas.

En Australia, por ahora, el nuevo análisis está orientado principalmente a personas con síntomas o sospecha clínica de deterioro cognitivo y no está recomendado como prueba de cribado para personas asintomáticas. Esta precisión es fundamental para entender correctamente el alcance de la noticia.

¿Qué está ocurriendo en Australia?

El avance se conoció a finales de julio de 2026, cuando el Gobierno australiano confirmó que la Administración de Productos Terapéuticos de Australia (TGA) había autorizado a Roche Diagnostics a suministrar un análisis sanguíneo que mide tau fosforilada 217, conocida como pTau217.

El anuncio coincidió con la apertura en Sídney del Asia-Pacific Centre of Excellence for Alzheimer’s Disease Diagnosis, un centro impulsado por Neuroscience Research Australia (NeuRA) y Roche Diagnostics Australia para desarrollar y aplicar nuevas estrategias de diagnóstico de la enfermedad.

Durante la primera etapa, el centro procesará análisis de pTau217, además de otros biomarcadores como pTau181 y pruebas relacionadas con APOE4, dentro de ensayos clínicos y proyectos de investigación. Las pruebas clínicas para especialistas estaban previstas provisionalmente para comenzar en octubre de 2026.

El objetivo final es generar evidencia obtenida en población australiana que permita evaluar la posibilidad de incorporar estas pruebas al sistema público de salud mediante el Medicare Benefits Schedule (MBS).

Esto significa que el país todavía está en una etapa de transición: la tecnología ya ha demostrado un importante potencial científico, pero su incorporación generalizada a la práctica médica requiere más datos, protocolos y criterios clínicos.

¿Qué es la pTau217 y por qué es importante?

La pTau217 es una forma modificada de la proteína tau, una de las proteínas relacionadas con los procesos biológicos característicos de la enfermedad de Alzheimer.

El Alzheimer no aparece de manera repentina cuando comienzan los problemas de memoria. Los cambios asociados con la enfermedad pueden desarrollarse progresivamente durante muchos años.

Entre los principales procesos relacionados con la enfermedad se encuentran la acumulación de beta-amiloide y las alteraciones de la proteína tau. Con el avance de la enfermedad, estos cambios se relacionan con daño neuronal y posteriormente con dificultades en la memoria, el pensamiento y otras funciones cognitivas.

La pTau217 resulta especialmente interesante porque sus concentraciones en sangre pueden reflejar procesos relacionados con la patología de Alzheimer. Por eso, los investigadores estudian si su medición puede ayudar a determinar cuándo los síntomas cognitivos están relacionados con esta enfermedad y no con otra causa.

Del PET y la punción lumbar a un simple análisis de sangre

Hasta hace relativamente poco, confirmar la presencia de determinados cambios biológicos asociados al Alzheimer requería procedimientos considerablemente más complejos.

Una de las principales herramientas es la tomografía por emisión de positrones (PET), que permite visualizar determinadas alteraciones en el cerebro. También puede analizarse el líquido cefalorraquídeo mediante una punción lumbar, procedimiento que permite medir biomarcadores directamente en el líquido que rodea el cerebro y la médula espinal.

Estos métodos pueden proporcionar información muy valiosa, pero tienen limitaciones relacionadas con su coste, disponibilidad, infraestructura y carácter invasivo.

Los análisis sanguíneos ofrecen una alternativa potencialmente mucho más sencilla. Una muestra de sangre podría analizarse en un laboratorio para determinar la concentración de determinados biomarcadores y proporcionar información sobre la probabilidad de que exista patología de Alzheimer.

Expertos australianos señalan que las pruebas sanguíneas han demostrado niveles de precisión similares a los obtenidos mediante PET y análisis del líquido cefalorraquídeo en determinados contextos.

Australia ya había obtenido resultados prometedores

El desarrollo de estas pruebas no comenzó en 2026. Durante los últimos años, distintos equipos australianos han estudiado la posibilidad de utilizar biomarcadores sanguíneos como una herramienta de diagnóstico.

En octubre de 2025, investigadores de CSIRO, la agencia científica nacional de Australia, publicaron resultados de un estudio realizado junto con instituciones como Edith Cowan University y The Florey Institute.

El trabajo analizó muestras de sangre de cerca de 400 participantes procedentes del estudio Australian Imaging, Biomarker and Lifestyle (AIBL) Study of Ageing.

Los investigadores evaluaron una combinación de dos indicadores: pTau217 y la proporción Aβ42/40, relacionada con las proteínas beta-amiloides.

El resultado fue especialmente relevante: la combinación alcanzó más del 93 % de precisión, un desempeño comparable al de determinados análisis de líquido cefalorraquídeo utilizados como referencia. En una de las cohortes estudiadas, la sensibilidad llegó al 99 %, lo que significa que identificó correctamente casi todos los casos con la característica que se estaba buscando.

Estos resultados respaldan la posibilidad de utilizar análisis sanguíneos como una herramienta para seleccionar pacientes que necesitan investigaciones diagnósticas más profundas y, potencialmente, facilitar el acceso a tratamientos.

¿Significa esto que se podrá detectar el Alzheimer 20 años antes de los síntomas?

Aquí es donde resulta necesario hacer una aclaración.

El anuncio australiano ha sido presentado en algunos contextos como un avance capaz de detectar biomarcadores hasta 20 años antes de que aparezcan los síntomas. Esa afirmación tiene una base científica relacionada con la evolución biológica del Alzheimer: investigaciones previas han demostrado que determinados cambios asociados con la enfermedad pueden comenzar muchos años antes de que aparezcan manifestaciones clínicas.

NeuRA, por ejemplo, señala que los estudios del Dominantly Inherited Alzheimer Network (DIAN) permitieron observar cambios biológicos relacionados con la enfermedad hasta aproximadamente 20 años antes de los síntomas en determinadas personas con formas genéticas hereditarias de Alzheimer.

Pero esto no significa que el nuevo análisis de sangre pueda actualmente diagnosticar con certeza a una persona sana y decirle que desarrollará Alzheimer dentro de 20 años.

De hecho, especialistas australianos han advertido explícitamente que estas pruebas no deberían utilizarse actualmente en personas asintomáticas, debido a que todavía no se conoce suficientemente su precisión y, sobre todo, cómo interpretar correctamente un resultado positivo en alguien que no presenta síntomas.

Por ello, una formulación más precisa es que los biomarcadores relacionados con Alzheimer pueden aparecer mucho antes de los síntomas y que los análisis sanguíneos podrían ayudar a detectarlos, pero la utilización de estas pruebas como herramienta predictiva en población completamente sana todavía necesita investigación.

¿Cómo funcionaría el análisis?

El procedimiento es mucho más sencillo que una PET cerebral o una punción lumbar.

El paciente proporciona una muestra de sangre. Posteriormente, el laboratorio analiza determinadas moléculas presentes en el plasma.

En el caso del pTau217, los investigadores buscan medir la cantidad de esta proteína modificada. Dependiendo de los protocolos utilizados, el resultado puede combinarse con otros biomarcadores, como la relación Aβ42/40.

El médico no debería interpretar el resultado de forma aislada. La información del análisis debe combinarse con la historia clínica, los síntomas, las pruebas cognitivas y, cuando sea necesario, estudios de imagen u otras pruebas.

Esto es especialmente importante porque un biomarcador no equivale por sí solo a una evaluación completa del estado neurológico de una persona.

La especialista en demencia Stephanie Daly, citada por el Royal Australian College of General Practitioners, advirtió que estos análisis detectan una determinada patología, pero existen otras enfermedades y procesos que pueden producir deterioro neurodegenerativo.

Una herramienta que podría cambiar los ensayos clínicos

Una de las aplicaciones más importantes de estos análisis no está necesariamente en realizar pruebas a toda la población, sino en investigación y ensayos clínicos.

Los estudios sobre Alzheimer enfrentan un problema importante: cuando una persona desarrolla síntomas evidentes, los procesos biológicos asociados con la enfermedad pueden llevar muchos años desarrollándose.

Si los investigadores pueden identificar con mayor facilidad a las personas que presentan determinados biomarcadores, pueden seleccionar participantes de forma más precisa para estudios de nuevos tratamientos.

Esto podría ayudar a evaluar medicamentos en etapas más tempranas de la enfermedad y a estudiar si una intervención puede modificar la progresión antes de que el daño neurológico sea demasiado avanzado.

Australia tiene además experiencia previa en este campo. El programa DIAN, en el que participan centros australianos, estudia formas hereditarias de Alzheimer y ha permitido analizar biomarcadores antes de la aparición de los síntomas.

El vínculo con los nuevos tratamientos contra el Alzheimer

La importancia de mejorar el diagnóstico también está relacionada con la llegada de tratamientos capaces de modificar parcialmente la progresión de la enfermedad en determinados pacientes.

En septiembre de 2025, la TGA australiana aprobó lecanemab (Leqembi) para determinados adultos con deterioro cognitivo leve o demencia leve debido al Alzheimer, bajo criterios específicos relacionados con el estado de APOE4. La autorización exige confirmar la presencia de beta-amiloide mediante una prueba validada antes de iniciar el tratamiento.

Esto crea una necesidad práctica: si existen terapias que actúan sobre la biología del Alzheimer, los médicos necesitan métodos fiables para determinar qué pacientes presentan esa patología.

Un análisis sanguíneo podría convertirse en una herramienta de triaje, ayudando a identificar quiénes necesitan pruebas confirmatorias más complejas.

La investigación de CSIRO apunta precisamente en esa dirección: utilizar biomarcadores sanguíneos para reducir la dependencia inicial de PET y punciones lumbares y facilitar la identificación de pacientes que podrían beneficiarse de terapias emergentes.

¿Cuáles son las ventajas de un análisis de sangre?

La principal ventaja es su simplicidad.

Una extracción de sangre puede realizarse con mucha mayor facilidad que una PET cerebral o una punción lumbar. Esto podría ser especialmente importante para personas que viven lejos de grandes centros médicos.

También podría disminuir los costes asociados con determinados procesos diagnósticos y permitir que más personas puedan acceder a pruebas especializadas.

Además, la posibilidad de repetir una extracción sanguínea facilita el seguimiento de los biomarcadores a lo largo del tiempo.

Para los investigadores, esto puede ser especialmente útil porque permitiría obtener muestras de una gran cantidad de participantes sin recurrir constantemente a procedimientos invasivos.

Todavía existen importantes limitaciones

Aunque los resultados son prometedores, no sería correcto presentar la tecnología como un diagnóstico definitivo disponible para cualquier persona.

Una de las principales limitaciones es la interpretación del resultado.

Un análisis puede detectar un biomarcador relacionado con la enfermedad, pero eso no significa necesariamente que permita predecir exactamente cuándo aparecerán los síntomas ni cómo evolucionará una persona.

Además, existen diferentes tipos de demencia y múltiples causas de problemas cognitivos. Un paciente puede presentar dificultades de memoria por razones distintas al Alzheimer.

Por esa razón, los especialistas australianos recomiendan realizar una evaluación clínica antes de utilizar este tipo de biomarcadores. También señalan que todavía no existen directrices australianas definitivas para su utilización generalizada.

¿Cuándo podría llegar a la práctica médica habitual?

El proceso será gradual.

En la actualidad, el análisis pTau217 autorizado en Australia está destinado inicialmente a ensayos clínicos y estudios de investigación. El Asia-Pacific Centre of Excellence for Alzheimer’s Disease Diagnosis comenzó a prepararse para procesar estas pruebas y se esperaba que los ensayos clínicos estuvieran disponibles para especialistas en los meses siguientes, con una previsión provisional de octubre de 2026.

El Gobierno australiano también ha señalado su interés en que estos análisis puedan incorporarse al sistema público. Para ello será necesario reunir datos australianos que demuestren su utilidad clínica y presentar la evidencia correspondiente ante los organismos encargados de evaluar su incorporación al Medicare Benefits Schedule.

Por tanto, la autorización para utilizar la prueba en investigación no equivale todavía a que cualquier ciudadano australiano pueda acudir a su médico de cabecera y solicitarla como una prueba rutinaria cubierta por Medicare.

Una transformación potencial en la medicina preventiva

El verdadero valor de estos avances puede estar en cambiar el momento en el que se identifica la enfermedad.

Tradicionalmente, el Alzheimer se ha diagnosticado principalmente después de que aparecen problemas cognitivos. El desarrollo de biomarcadores sanguíneos plantea una posibilidad diferente: identificar señales biológicas de la enfermedad con mayor facilidad y utilizar esa información para orientar la evaluación, el seguimiento y la investigación.

Esto podría tener consecuencias importantes para la medicina preventiva y personalizada.

Si en el futuro se consigue establecer con precisión qué niveles de determinados biomarcadores representan un riesgo significativo, en qué personas deben utilizarse y cómo deben interpretarse, los médicos podrían disponer de una herramienta mucho más accesible para detectar la enfermedad en etapas tempranas.

Pero ese futuro todavía requiere evidencia.

El desafío será saber qué hacer con la información

Detectar un biomarcador es solo una parte del problema.

Una prueba preventiva realmente útil necesita responder también preguntas como: ¿qué significa un resultado positivo?, ¿qué probabilidad tiene esa persona de desarrollar síntomas?, ¿qué seguimiento debe realizarse?, ¿existe un tratamiento que pueda comenzar inmediatamente?, ¿cómo se debe comunicar el resultado al paciente?

Estas cuestiones son particularmente importantes en personas que todavía no presentan síntomas.

Por ello, los especialistas australianos insisten en que la expansión de estas tecnologías debe ir acompañada de formación médica, protocolos claros y asesoramiento adecuado a los pacientes.

Un avance prometedor, pero no una cura

El desarrollo de análisis sanguíneos para detectar biomarcadores del Alzheimer representa uno de los avances más importantes de la investigación diagnóstica de los últimos años.

Australia está desempeñando un papel destacado mediante la combinación de investigación académica, instituciones científicas, centros especializados, empresas de diagnóstico y organismos públicos.

Los resultados disponibles muestran que determinados análisis basados en pTau217 y otros biomarcadores pueden alcanzar una precisión elevada en poblaciones estudiadas y podrían reducir la necesidad de procedimientos más costosos o invasivos.

Sin embargo, el análisis no constituye una cura contra el Alzheimer y tampoco significa que la enfermedad pueda diagnosticarse actualmente con certeza dos décadas antes de los síntomas en cualquier persona.

El avance más inmediato consiste en disponer de una herramienta sanguínea que puede ayudar a detectar la patología de Alzheimer de forma más accesible, especialmente en personas que ya presentan síntomas o se encuentran bajo evaluación clínica.

La expectativa de los investigadores es que, con más estudios, estas herramientas permitan adelantar cada vez más el momento del diagnóstico y mejorar la selección de pacientes para tratamientos y ensayos clínicos.

En ese sentido, el desarrollo australiano no representa todavía el final de la lucha contra el Alzheimer, pero sí un paso importante hacia una medicina en la que una muestra de sangre pueda aportar información que hasta ahora requería estudios cerebrales complejos o procedimientos invasivos.

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