Alvaro Moreno

Amor al prójimo

En marzo del 2013 murió Hugo Chávez, y lo sucedió en el poder Nicolás Maduro, desde ese momento se incrementó la migración venezolana hacia nuestro país y en las diferentes regiones del país comenzamos a ver oleadas de caminantes que, cargados de maletas, huían de una nación en crisis.

En esos momentos todos los colombianos de buen corazón nos entristecíamos, veíamos estupefactos esas imágenes de padres y madres con sus hijos en caravanas, la gente en esa época apoyaba y colaboraba a nuestros hermanos venezolanos.

En la frontera con el Ecuador las entidades estaban prestas para dar una mano en esta masiva migración y los nariñenses apelando a nuestra solidaridad daban una mano para menguar en algo la tristeza de las personas que dejaban atrás su país y sus recuerdos.

Actualmente la migración de venezolanos se sigue presentando, pero al parecer los habitantes de las zonas de frontera hemos normalizado tanto la situación que, la mendicidad, el desarraigo social y el ser extraños en otro país, ya no nos parece tan raro y se ha invisibilizado la problemática.

Los migrante siguen en las calles, caminando como fantasmas sin rumbo por las calles, cargados de maletas y cubriéndose con cobijas raídas del inclemente frio de esta región andina, los barrios y grupos de voluntarios ya no hacen ‘aguapaneladas’ para paliar el hambre de los visitantes, en los diferentes sectores se los ve como intrusos. En alguna ocasión observé un anuncio con una sentencia discriminatoria: ‘Aquí no se arrienda a venezolanos’.

La diáspora venezolana nos enseña a ser más empáticos, comprendiendo todo lo que encierra la palabra empatía’, comprender y entender la situación del otro, ponernos en los zapatos del prójimo y no criticar, cuestionar e incomodarse por una situación que los hizo abandonar su hogar y que ellos no pidieron.

La migración masiva, el desplazamiento, el desarraigo si bien son atendidas por entidades públicas y privadas, también nos deben poner a pensar que nosotros como comunidad podemos poner nuestro granito de arena para ayudar. Que no se nos apague la bondad y no volteemos la mirada cuando en el camino encontremos a un migrante que con la mirada nos pide ayuda.

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En el primer Libro de Corintios, en el capítulo 13 hay una gran lección de empatía que deberíamos practicar: “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo caridad, vengo a ser como metal que resuena o címbalo que retiñe.

Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y todo conocimiento, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo caridad, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve”.

En otras traducciones de la Biblia, la palabra caridad es cambiada por la palabra Amor, así que la invitación es a eso, a llenar de amor nuestros corazones y compadecernos de las penurias y aflicciones de un pueblo que camina por nuestro territorio buscando un lugar mejor para vivir. Al fin de cuentas eso es lo que buscamos todos…Vivir mejor.

Por: Alvaro Moreno Díaz