Amalba y su historia del metal

En un pequeño taller de Pasto, entre metales nobles, hilos de paja toquilla y manos que crean con amor, nace Amalba, una marca de joyería que es mucho más que diseño: es identidad, es historia, es territorio. Detrás de cada pieza está Karen Chamorro Villarreal, una mujer que convirtió su pasión infantil por lo hecho a mano en un proyecto de vida lleno de sentido.

Desde sus inicios, Karen soñó con hacer joyas que hablaran de Nariño. Eligió el bronce con baño en oro y la plata ley 950 no solo por su belleza, sino por la libertad creativa que ofrecen. A ellos les sumó el alma de su tierra: la paja toquilla de Sandoná, tejida con memoria y raíz. Cada combinación es una declaración de amor a lo nuestro.

Emprender desde Pasto no fue fácil. Karen se formó desde cero, se equivocó, aprendió y, sobre todo, creyó. Creyó en su talento, en su gente y en el poder de lo auténtico. Hoy no solo lidera una marca reconocida en ferias como Expoartesanías y Expoartesano, sino que también guía a otras mujeres artesanas, formando una red de trabajo que fortalece lo local y eleva lo ancestral.

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Amalba no es solo joyería. Es un homenaje a las mujeres, al arte y al espíritu resiliente de una región que transforma el metal y la tradición en belleza. Es joyería con corazón. Y ese corazón late en Nariño.