En Pasto, un proceso comunitario viene creciendo desde lo cotidiano: la alimentación. Pero no se trata solo de lo que llega al plato, sino de una apuesta más profunda por la vida, la salud y el territorio.
Liderado por Diana Oliva Basante e impulsado por la Fundación Artetra, el Encuentro Voz de Vida se ha convertido en un espacio donde alimentarse también significa cuidarse, recordar y resistir. Aquí, la soberanía alimentaria se entiende como un acto diario: elegir alimentos propios, reconocer su valor y volver a las raíces.
“Que podamos cuidarnos cotidianamente a través del alimento, que reconozcamos que es lo que nos da salud y vitalidad”, es una de las premisas que guía este proceso.
En medio de una realidad donde la comida ultraprocesada gana terreno, la iniciativa invita a detenerse y mirar hacia lo propio: las cocinas tradicionales, los alimentos de temporada, los saberes campesinos y ancestrales que han sostenido históricamente a las comunidades.
Pero hay algo que hace de este proceso una experiencia distinta: el arte.
A través de expresiones visuales y escénicas, el Encuentro Voz de Vida abre conversaciones sobre temas que atraviesan el cuerpo y el territorio: la forma en que nos alimentamos, la violencia, el papel de las mujeres y la relación con la tierra. Las manifestaciones artísticas, en este contexto, se convierten en una forma de cuestionar discursos dominantes y proponer nuevas maneras de entender la vida.
Uno de los espacios centrales fue la exposición Voz de Vida, realizada en el Centro Cultural Palatino, que reunió artistas locales, nacionales e internacionales en torno a una misma pregunta: ¿qué significa alimentarnos hoy? Desde la pintura, la fotografía, el audiovisual y otras formas experimentales, las obras exploraron el alimento no solo como sustento, sino como símbolo, cuerpo, territorio y memoria.
A esto se sumó la Noche de los Cunches, un encuentro escénico donde la música, la danza, el performance y la poesía se entrelazaron para seguir alimentando esta conversación desde el arte vivo.
El proceso también incluyó acciones comunitarias como una olla colectiva en plaza de mercado, recordando que compartir la comida sigue siendo una de las formas más poderosas de tejer comunidad.
Este trabajo ha sido posible gracias al respaldo del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, que ha acompañado y fortalecido la iniciativa a través del Programa Nacional de Concertación Cultural, permitiendo que artistas incluso de otros países puedan participar mediante la producción de sus obras en Pasto.
Más allá de eventos puntuales, lo que propone Voz de Vida es una conversación que sigue abierta. Una que conecta el alimento con los derechos de la madre tierra, con la salud —especialmente de las mujeres— y con la dignidad de los territorios.
Porque, al final, alimentarse no es solo una necesidad:
es un acto de amor, de memoria y de resistencia.
Y en Pasto, esa conversación apenas comienza




