La posibilidad de que El Niño se consolide durante el segundo semestre de 2026 llevó a distintas autoridades de los países andinos a reforzar los sistemas de prevención. Colombia, Bolivia, Ecuador y Perú han activado mecanismos de seguimiento y preparación frente a posibles cambios en las lluvias, temperaturas más altas, presión sobre los recursos hídricos e incendios forestales.
La región andina se encuentra bajo una vigilancia climática reforzada ante la evolución de las condiciones del océano Pacífico y la posibilidad de que el fenómeno de El Niño tenga efectos durante la segunda mitad de 2026. Aunque las condiciones y los impactos no son iguales en todos los países, organismos meteorológicos y autoridades de gestión del riesgo han comenzado a preparar medidas para reducir las consecuencias de posibles períodos secos.
En Colombia, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) y el Ministerio de Ambiente advirtieron desde marzo sobre el incremento de las probabilidades de desarrollo de El Niño durante el segundo semestre del año. En ese momento, las autoridades señalaron que todavía no era posible confirmar el fenómeno, pero recomendaron mantener un seguimiento preventivo.
Posteriormente, en mayo, el Ministerio de Ambiente colombiano anunció un paquete de 17 medidas y recomendaciones relacionadas con la gestión del agua, el ordenamiento territorial, la prevención de incendios y la protección de los ecosistemas y la fauna silvestre. La entidad también pidió fortalecer la preparación de las autoridades territoriales frente a los posibles impactos climáticos.
Una alerta que trasciende las fronteras
La situación no se limita a Colombia. En julio, el Organismo Andino de Salud informó sobre una reunión técnica regional en la que participaron especialistas y autoridades de Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela para analizar los posibles efectos de El Niño durante 2026.
De acuerdo con ese organismo, la Organización Meteorológica Mundial había señalado una alta probabilidad de desarrollo del fenómeno entre junio y agosto, con una probabilidad todavía mayor hacia noviembre. La reunión puso especial atención en los sistemas de alerta temprana y en la preparación de planes de contingencia.
En Bolivia, el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología también ha desarrollado reuniones interinstitucionales para coordinar medidas frente a El Niño y sus posibles efectos sobre las condiciones climáticas. Entre los temas abordados aparecen los efectos de la sequía y el fortalecimiento de los sistemas de alerta temprana.
Perú, por su parte, mantiene sus propios mecanismos de vigilancia climática. El Senamhi ha advertido que algunas zonas de la sierra sur pueden atravesar períodos con condiciones más secas, mientras que otras áreas de la región andina presentan pronósticos diferentes. Esto demuestra que la temporada seca no afecta de la misma manera a todo el territorio andino.
¿Por qué preocupa especialmente la temporada seca?
Uno de los principales riesgos está relacionado con la disponibilidad de agua. Una reducción de las precipitaciones puede disminuir los caudales de ríos y quebradas, afectar los sistemas de abastecimiento y aumentar la presión sobre embalses y fuentes utilizadas por las poblaciones rurales y urbanas.
En Colombia, el Ministerio de Ambiente cuenta con mapas que identifican subzonas hidrográficas con niveles altos y muy altos de vulnerabilidad al desabastecimiento durante temporadas secas. Estos instrumentos son utilizados para identificar territorios donde una disminución de las lluvias puede generar mayores dificultades para garantizar el recurso hídrico.
El problema también tiene consecuencias para la agricultura. Los cultivos dependen de la disponibilidad de agua y de condiciones relativamente estables de temperatura y precipitación. Cuando las lluvias disminuyen durante períodos prolongados, pueden aumentar las necesidades de riego y reducirse la disponibilidad de agua para las actividades productivas.
El riesgo para las zonas de ladera
Las zonas de ladera y alta pendiente requieren especial vigilancia, aunque es importante diferenciar los riesgos asociados con la sequía de los relacionados directamente con las lluvias.
Durante períodos secos y cálidos, la vegetación puede perder humedad y aumentar la disponibilidad de material combustible. Esto puede favorecer la propagación de incendios forestales, especialmente en áreas donde existen actividades agrícolas, expansión urbana o presencia de vegetación altamente seca.
Las autoridades también mantienen vigilancia sobre las zonas de ladera debido a que estas pueden presentar diferentes amenazas dependiendo de las condiciones meteorológicas. En Colombia, el Ideam publica diariamente boletines de amenaza por movimientos en masa para zonas de alta pendiente, utilizando información de precipitaciones y pronósticos.
Por ello, una temporada seca no significa automáticamente que aumenten los deslizamientos. De hecho, las lluvias intensas son uno de los factores principales que pueden activar este tipo de movimientos. La preocupación durante una temporada seca se concentra principalmente en incendios, pérdida de humedad del suelo, deterioro de la vegetación y disminución de las fuentes de agua, mientras que el riesgo de deslizamientos puede cambiar cuando regresan las lluvias.
Ecuador también refuerza la vigilancia
En Ecuador, las autoridades han comenzado a evaluar los posibles efectos de El Niño sobre infraestructura y servicios básicos. En septiembre de 2026 se informó que ocho provincias fueron identificadas con mayor susceptibilidad a determinadas amenazas relacionadas con infraestructura de agua y saneamiento, dentro del escenario de vigilancia por El Niño 2026-2027.
Este caso muestra que los efectos del fenómeno pueden ir más allá de la disponibilidad de agua. Los sistemas de abastecimiento, tratamiento de aguas residuales y otras infraestructuras pueden quedar expuestos a diferentes amenazas dependiendo de las condiciones locales.
No todos los países enfrentarán el mismo escenario
Aunque El Niño puede generar una señal climática de carácter regional, sus efectos varían considerablemente según la ubicación geográfica, la época del año, la disponibilidad de agua y las condiciones ambientales de cada territorio.
Por esa razón, no es correcto hablar de una sequía uniforme en toda la cordillera de los Andes. Mientras algunas zonas pueden experimentar menores precipitaciones y mayor estrés hídrico, otras pueden presentar lluvias normales o incluso superiores al promedio.
Los pronósticos de Perú, por ejemplo, muestran diferencias importantes entre sectores de la región andina, con algunas áreas de la sierra sur presentando una señal más seca y otras zonas con condiciones entre normales y superiores a lo habitual.
La prevención será clave durante los próximos meses
Ante este panorama, las autoridades han puesto el énfasis en la preparación anticipada. Entre las medidas planteadas aparecen el seguimiento de fuentes de agua, el fortalecimiento de los sistemas de alerta temprana, la prevención de incendios, el uso eficiente del recurso hídrico y la identificación de comunidades e infraestructuras que podrían quedar expuestas.
En Colombia, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres recomendó identificar puntos críticos de incendios, fuentes de agua vulnerables y zonas de interfaz urbano-rural, además de mantener actualizado el inventario de recursos disponibles para responder ante posibles emergencias.
El escenario climático de 2026, por tanto, no significa que todos los territorios andinos vayan a experimentar una sequía severa. Lo que existe es un escenario de riesgo que ha llevado a las autoridades a incrementar la vigilancia y prepararse con anticipación.
La evolución de El Niño, las precipitaciones y las temperaturas durante los próximos meses determinará qué regiones terminan enfrentando mayores niveles de estrés hídrico. Mientras tanto, los organismos meteorológicos y de gestión del riesgo mantienen activos sus sistemas de seguimiento para actualizar las alertas conforme aparezcan nuevos datos.




