La Nueva EPS atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente. A comienzos de 2026, las alertas encendidas por los organismos de control, sumadas a miles de quejas ciudadanas, evidencian un colapso operativo que afecta directamente la atención en salud y, especialmente, el acceso oportuno a medicamentos en ciudades como Bogotá. Lo que para la EPS es un proceso de ajuste administrativo, para los usuarios se ha convertido en una experiencia marcada por la frustración, la incertidumbre y el riesgo para su bienestar.
Durante las primeras semanas del año, la Personería de Bogotá y otras entidades de vigilancia han reportado un aumento significativo en las reclamaciones contra la Nueva EPS. Las principales inconformidades están relacionadas con la no entrega de medicamentos, demoras prolongadas en la asignación de citas médicas, congestión en los puntos de atención y fallas constantes en los canales de comunicación.
Medicamentos: el foco de la crisis
Uno de los puntos más sensibles del colapso operativo es la dispensación de medicamentos, especialmente aquellos de uso permanente. Pacientes con enfermedades crónicas han denunciado retrasos de varias semanas en la entrega de tratamientos esenciales, así como entregas parciales que obligan a repetir trámites y filas interminables.
El cambio reciente en los operadores farmacéuticos, sumado a la exigencia de nuevos trámites para validar fórmulas médicas, ha sobrecargado el sistema. En Bogotá, usuarios aseguran que deben desplazarse entre diferentes sedes sin obtener respuestas claras, mientras otros afirman haber suspendido tratamientos por falta de medicamentos, una situación que médicos y expertos califican como alarmante.
Filas, desinformación y atención insuficiente
Las escenas se repiten en distintos puntos de la ciudad: filas desde la madrugada, adultos mayores esperando durante horas y usuarios que se retiran sin soluciones concretas. La falta de información clara ha profundizado el malestar, pues muchos afiliados desconocen los nuevos procedimientos o son remitidos de una oficina a otra sin una orientación efectiva.
A esto se suma la congestión en las líneas telefónicas y plataformas digitales, que colapsan ante la alta demanda. Para una parte significativa de los usuarios, especialmente quienes no cuentan con acceso a internet o habilidades digitales, estos canales resultan ineficaces, ampliando la brecha en el acceso a la salud.
Quejas ciudadanas en aumento
De acuerdo con los reportes de los entes de control, las quejas ciudadanas contra la Nueva EPS se cuentan por miles. Los reclamos no solo apuntan a fallas puntuales, sino a un deterioro general del servicio, que pone en entredicho la capacidad operativa de la entidad para responder a las necesidades de sus afiliados.
Las asociaciones de pacientes han advertido que esta situación afecta de manera desproporcionada a poblaciones vulnerables, como personas mayores, pacientes oncológicos y ciudadanos con enfermedades huérfanas, quienes dependen de tratamientos continuos y no pueden asumir interrupciones sin consecuencias graves.
La respuesta institucional
Frente a las críticas, la Nueva EPS ha reconocido las dificultades y las atribuye a un proceso de transición y reorganización interna. La entidad ha asegurado que trabaja para normalizar la operación y fortalecer los puntos de atención, al tiempo que insiste en que ningún afiliado debería quedar sin servicio.
No obstante, las explicaciones no han logrado calmar el malestar ciudadano. Para muchos usuarios, las promesas contrastan con la realidad diaria de trámites repetidos, respuestas tardías y una atención que perciben como insuficiente frente a la magnitud del problema.
Un problema que refleja la crisis del sistema
El colapso operativo de la Nueva EPS no es un hecho aislado. Analistas del sector señalan que esta situación refleja una crisis estructural del sistema de salud colombiano, marcada por problemas financieros, cambios constantes en los modelos de atención y una débil capacidad de respuesta frente a la alta demanda.
Mientras se anuncian planes de mejora y mesas de trabajo, los usuarios siguen esperando soluciones concretas. La acumulación de quejas ciudadanas y las alertas de los organismos de control ponen en evidencia la urgencia de medidas inmediatas, que garanticen el derecho fundamental a la salud y eviten que la crisis se profundice.
Por ahora, el colapso operativo de la Nueva EPS deja una pregunta abierta: ¿podrá la entidad recuperar la confianza de sus afiliados y responder de manera efectiva a una de las mayores pruebas de su funcionamiento, o seguirá aumentando la brecha entre las decisiones administrativas y la realidad que enfrentan miles de pacientes cada día?




