Las Empresas Municipales de Cali (Emcali) han intensificado el retiro de cables abandonados en las comunas, con un balance de 30.355 metros desmontados y 3.891 metros de red activa adecuada en lo corrido de 2026. El anuncio, presentado como un logro institucional, en realidad llega tarde: durante años la ciudad estuvo saturada de tendidos aéreos obsoletos que colgaban como cicatrices en postes y calles, sin que la empresa asumiera un papel proactivo.
El problema es evidente: el 95% de los cables abandonados pertenecen a operadores privados de telecomunicaciones, que deberían retirarlos al migrar a nuevas tecnologías. Sin embargo, la omisión de esas compañías dejó a Cali atrapada en un paisaje de contaminación visual y riesgos de seguridad. Emcali, en lugar de exigir con firmeza el cumplimiento de la norma, se limitó a mirar hacia otro lado hasta que las críticas de la comunidad se volvieron insostenibles.
Hoy, el desmonte se presenta como ofensiva institucional, pero no es más que una reacción tardía a la presión ciudadana. Los caleños llevan años denunciando postes sobrecargados y cables descolgados que afectan la movilidad y ponen en riesgo la vida de peatones y conductores.
El gerente general de Emcali, Roger Mina Carbonero, ha respaldado la estrategia y mantiene coordinación con las comunidades. Pero la empresa debe entender que no se trata de un favor: es su obligación. El escarmiento está claro. Cali no necesita propaganda, necesita resultados sostenidos y responsabilidad real

