CARLOS DARIO GALLARDO ARCOS

Agradécele a Dios por lo que te quita

Carlos Gallardo

Vivimos en un mundo donde muchas veces agradecemos solo por lo que recibimos, un trabajo, un triunfo, una oportunidad, un amor. Sin embargo, pocas veces entendemos que también debemos dar gracias por lo que se nos quita, porque en ese acto silencioso Dios nos protege, nos limpia el camino y nos prepara para lo que verdaderamente merecemos.

Agradecer a Dios por lo que nos quita no siempre es fácil. Duele cuando se va una amistad que considerábamos sincera, un amor que juraba eternidad o un proyecto en el que depositamos todas nuestras esperanzas. Pero, con el tiempo, comprendemos que aquello que se nos arrebató en realidad no era un castigo, sino un acto de amor divino. Dios aparta de nuestra vida a las malas amistades, a los falsos amores, a quienes nos manipulan, nos envidian o nos critican sin fundamentos. Él mismo rompe los lazos que nos atan a personas que no suman, que nos desenfocan y que terminan siendo un obstáculo para nuestro crecimiento.

Las traiciones, aunque hieren, son también una manera en que Dios nos muestra quién realmente merece estar a nuestro lado y quién nunca debió ocupar un lugar en nuestra vida. Incluso esos proyectos que no se concretan, esos sueños que parecían tan cercanos y de repente se desmoronan, son parte de su plan perfecto. Lo que no ocurre hoy, lo que se nos niega, es solo la antesala de algo mayor que se está preparando.

Con el tiempo uno aprende que agradecer lo que Dios quita es tan importante como agradecer lo que concede. Porque en cada pérdida, en cada desprendimiento, hay una enseñanza y una bendición disfrazada. Lo que se va, deja espacio para lo que viene. Lo que se rompe, abre camino a lo que realmente nos hará felices.

Agradecer a Dios por lo que te quita es un acto de fe y confianza absoluta. Es reconocer que sus planes superan los nuestros, que su visión es más amplia que la nuestra y que, aunque en el momento no entendamos, algún día descubriremos que todo lo que se fue era necesario para que llegara lo mejor.

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También es necesario agradecer a Dios por los silencios y las pausas que coloca en el camino. A veces queremos acelerar procesos, forzar vínculos o insistir en caminos que no nos corresponden. Es allí cuando la vida se detiene y parece cerrarnos puertas. Ese “No” que tanto nos molesta, en realidad es una protección que evita que caigamos en situaciones que después lamentaríamos.

De la misma manera, cuando alguien se aleja de nosotros sin explicación, lo más sabio es confiar en que Dios sabe lo que hace. Aunque nuestra mente busque respuestas, su propósito va más allá de lo que podemos comprender. Cada persona que se va, cada circunstancia que se rompe, es un filtro divino que separa lo que estorba de lo que realmente nos impulsa a avanzar.

Agradecer lo que se pierde es también reconocer nuestra fortaleza. No se trata de resignación, sino de confianza en que lo mejor siempre está por llegar. Cada renuncia, cada vacío, se convierte en la semilla de una nueva etapa. Y mientras tanto, el corazón aprende a valorar lo esencial y a esperar con paciencia la bendición que siempre llega en el tiempo perfecto.