Las imágenes del terremoto que sacudió a Venezuela conmovieron al continente. Edificaciones destruidas, familias enteras tratando de reconstruir sus vidas y comunidades enfrentando una de las emergencias más difíciles de los últimos años ocuparon los titulares de los medios de comunicación.
Pero, en medio de esa tragedia, existía otra realidad que pocos estaban observando. Cientos de perros, gatos y otros animales quedaron atrapados entre los escombros, separados de las familias con las que convivían o completamente abandonados, sin alimento, agua ni atención veterinaria. Muchos sobrevivieron al desastre, pero ahora enfrentan otra batalla: la del hambre, las enfermedades y el abandono.
Esa situación fue la que motivó al concejal y reconocido activista animalista de Pasto a liderar una campaña de ayuda humanitaria enfocada exclusivamente en los animales afectados por la emergencia.
Consciente de que las tragedias naturales no distinguen entre personas y animales, decidió convocar a aliados estratégicos para responder rápidamente a una crisis que, según asegura, no estaba recibiendo la atención necesaria.
Protección animal
La iniciativa reunió a la Fundación Ruta Animal, Avianca, Laika y a la senadora Andrea Padilla, una de las principales impulsoras de la legislación de protección animal en Colombia. Gracias al trabajo articulado entre estas organizaciones, empresas y voluntarios fue posible poner en marcha una campaña nacional de donaciones que rápidamente encontró eco entre miles de colombianos.
En apenas cinco días se logró recaudar 62 millones de pesos, recursos que serán destinados a la compra de medicamentos veterinarios, insumos médicos, atención clínica para animales heridos y la realización de jornadas masivas de esterilización en las zonas afectadas, como una medida para prevenir nuevas situaciones de abandono y sobrepoblación.
A ello se suma un logro igualmente significativo: la recolección de 50 toneladas de alimento para perros y gatos.
Las primeras siete toneladas ya fueron enviadas a Venezuela y entregadas a fundaciones y rescatistas que trabajan directamente en las zonas afectadas por el terremoto, donde diariamente atienden animales heridos, deshidratados o que permanecen esperando ser rescatados.
El objetivo es que, durante las próximas semanas, el resto de las ayudas llegue progresivamente a las organizaciones que permanecen atendiendo la emergencia sobre el terreno.
Para el concejal pastuso, esta campaña representa mucho más que una recolección de donaciones.
Es una demostración de que la solidaridad no conoce fronteras cuando el propósito es salvar vidas.
«Los animales también son víctimas silenciosas de las tragedias. Ellos no pueden pedir ayuda, no pueden explicar lo que sienten, pero sufren igual que cualquier ser vivo. Por eso sentimos la responsabilidad de actuar», afirma. Su liderazgo en esta iniciativa tiene una historia que comenzó hace tres años.
La desaparición de su perrita Kiara marcó un antes y un después en su vida. Lo que inició como una búsqueda desesperada terminó convirtiéndose en una misión permanente por la defensa de los animales.
Desde entonces, ha dedicado gran parte de su trabajo público y social a promover el bienestar animal mediante campañas de rescate, jornadas gratuitas de esterilización, apoyo a fundaciones y albergues, búsqueda de mascotas desaparecidas y procesos de educación sobre tenencia responsable.
Su labor también se ha trasladado al ámbito legislativo con la creación de la denominada Ley Kiara, una iniciativa inspirada en la historia de su mascota que busca fortalecer la regulación de las empresas relacionadas con animales de compañía y promover mayores garantías para su protección.
Sin embargo, asegura que ninguna de esas experiencias lo preparó para enfrentar una emergencia de la magnitud que hoy vive Venezuela.
Por esa razón decidió concentrar todos sus esfuerzos en esta campaña internacional, convencido de que la cooperación entre ciudadanos, organizaciones sociales y empresa privada puede marcar una diferencia real para miles de animales que hoy dependen completamente de la ayuda humanitaria.
Personas de distintas regiones del país realizaron aportes económicos, donaron alimento y difundieron la campaña en redes sociales, convirtiendo la iniciativa en un ejemplo de solidaridad colectiva que logró unir a ciudadanos, rescatistas, fundaciones y empresas alrededor de una misma causa.
Cada bulto de alimento, cada donación y cada aporte económico representan una oportunidad de supervivencia para animales que perdieron todo a causa del terremoto.
Los recursos económicos permitirán fortalecer la atención veterinaria en las zonas más afectadas, mientras que las jornadas masivas de esterilización contribuirán a prevenir el crecimiento de poblaciones de animales en condición de calle, una problemática que suele agravarse después de los desastres naturales.
La meta sigue siendo completar el envío de las 50 toneladas de alimento y ampliar la cobertura de la atención veterinaria para que más fundaciones y organizaciones protectoras puedan seguir atendiendo la emergencia.
Desde Pasto, esta iniciativa demuestra que la empatía puede cruzar cualquier frontera y que la protección animal también hace parte de la ayuda humanitaria. Porque cuando ocurre una tragedia de grandes dimensiones, no solo las personas necesitan una mano solidaria. También la necesitan esos seres que no tienen voz, pero que sienten miedo, dolor y hambre.


