Colombia mantiene un desafío importante en materia de seguridad vial. Entre enero y agosto de 2025 se registró un aumento del 4,5 % en las víctimas fatales por siniestros viales frente al mismo periodo de 2024, con 234 fallecidos adicionales. Los motociclistas representaron el 63 % de las víctimas mortales y los peatones el 22 %, según información del Ministerio de Transporte basada en datos de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV).
Uno de los factores señalados por las autoridades es el comportamiento de los conductores. En los análisis oficiales sobre 2024, la velocidad aparece asociada a numerosos siniestros y relacionada con el comportamiento humano. La ANSV también ha identificado una situación relevante frente a la formación y habilitación para conducir: el 43 % de los conductores fallecidos analizados no tenía licencia y el 61 % de los motociclistas fallecidos nunca había tenido una.
La formación es otro punto de discusión. Para obtener una licencia de conducción en Colombia se exige, entre otros requisitos, aprobar exámenes teóricos y prácticos, realizar capacitación en un centro de enseñanza autorizado y acreditar condiciones físicas, mentales y de coordinación motriz. Sin embargo, los datos de siniestralidad muestran que contar con una licencia no garantiza por sí solo una conducción segura: también influyen las habilidades adquiridas, el respeto permanente de las normas, la velocidad y las decisiones que toma cada actor vial.
Los controles también tienen un papel relevante. Una guía oficial del sector transporte señala que la ausencia de presencia institucional, vigilancia, comparendos y sanciones efectivas puede afectar el comportamiento vial y favorecer que las conductas indebidas se generalicen. En contraste, durante operativos especiales se han registrado reducciones importantes de siniestros, mientras las autoridades han realizado controles de velocidad, embriaguez, documentación y condiciones técnico-mecánicas. Esto no permite atribuir una cifra nacional de accidentalidad exclusivamente a la falta de controles, pero sí muestra que la fiscalización forma parte de las estrategias de prevención.
El consumo de alcohol también constituye un factor de riesgo reconocido por las autoridades, que realizan controles de alcoholemia y advierten sobre sus consecuencias al conducir. En una operación nacional de Semana Santa de 2025 se practicaron 11.664 pruebas de embriaguez, con 117 resultados positivos, además de 16.741 medidas correctivas por diferentes infracciones. El panorama, por tanto, apunta a una responsabilidad compartida: mejorar la formación y las condiciones de las vías y fortalecer los controles son tareas institucionales, mientras que conducir sobrio, tener licencia vigente, respetar los límites de velocidad y cumplir las normas corresponde a cada actor vial.




